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Arte

Trazos ocultos

“El trazo oculto” se llama la exposición temporal que presenta, hasta el 5 de noviembre, el Museo del Prado. Ahora que unos científicos canadienses afirman que la sonrisa de la Gioconda era en realidad un gesto reflejo de su plenitud de mujer embarazada o que acababa de dar a luz, el trabajo de los investigadores del centro de arte madrileño cobra aún mayor relevancia.
Sin duda el examen de los trazos delicados y de los dibujos certeros que fraguaron la obra final, plena de color y rica en detalles, nos permite comprender mejor el proceso artístico. Pero lo que le otorga aún mayor valor a este estudio que nos ofrece el Prado es la comprobación -siempre acompañada de cierto azoramiento- del talento de muchos artistas, cuyos trazos ocultos son ya en realidad la obra maestra. Algunos dibujaban con el lápiz, el carboncillo o la punta metálica hasta el brocado de los mantos sobre el lienzo impoluto, imaginando las tonalidades y las sombras que luego le darían volumen. Otros nos reafirman en la idea de que el talento debe ir acompañado de trabajo, pues sus trazos ocultos revelan cambios borroneados en la ubicación de las figuras, en las líneas de una mano o en la expresión de una frente. Incluso los hay que debieron eliminar figuras enteras de su composición por motivos banales o novelescos que nunca conoceremos.
Los dibujos subyacentes en pinturas de Rafael, El Bosco, Pedro Berruguete, Alejo Fernández, Fernando Gallego, Robert Camping, Jan Gossaert o Hans Memling se han aislado mediante reflectografía infrarroja. Gracias a esta técnica los podemos apreciar quinientos años después de su realización, como ingredientes básicos de una fórmula exquisita y hasta ahora secreta.
La muestra, aunque pequeña, está bien montada; cuenta con explicaciones claras y didácticas y ha sido organizada de forma tal que los visitantes puedan comparar la obra original y la versión blanquinegra develada por la reflexografía infrarroja.
Se agradece el esfuerzo, máxime luego de visitar otras exposiciones sin orden aparente ni el auxilio de información de ninguna clase (vital para comprender al artista, su obra o al menos entender el sentido de la muestra), como lo fue la decepcionante “Mujeres”, formada por sugerentes bocetos de Gustav Klimt y que presentó hace unos meses la Fundación Mapfre, también en Madrid.
Volviendo al Prado y a sus trazos ocultos, es bueno recordar que los domingos el museo abre sus puertas con entrada libre y gratuita.

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