Una de las cosas que más me molesta es el contacto físico involuntario con extraños. A mí no me gusta que me toque gente desconocida en la calle o en el autobús, personas con las que ni siquiera he intercambiado previamente una mirada de complicidad o bienvenida. Y aquí en España eso es frecuente. Lo hacen especialmente las señoras mayores, que no dudan en ponerte una mano sobre la cintura, la espalda o los hombros para pedir paso o te rozan alegremente en los pasillos del supermercado y en las tiendas.
Lo que sucede es que la cercanía física ocasional no está mal vista; ni siquiera se repara en ella. Yo, en cambio, la sufro como coscorrones inmerecidos e inesperados. Necesito la protección de mi burbuja. No soporto percibir pieles, olores y alientos extraños.
En Argentina, hay que decirlo, ese espacio individual se respeta mucho más. Pero es que allí la mayoría de las intromisiones obedecen a malas intenciones, por lo que, paradójicamente, el respeto y la consideración del espacio individual obedecen a la inseguridad y la desconfianza hacia los demás. Aquí, alegres y despreocupados, no dejan de rozarse, chocarse y tocarse. Y yo de lanzar miradas furibundas que -ahora lo veo claramente- nadie entiende.
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10 Junio, 2008 a las 15:18
Jajajaja, creía que era el único bicho raro del universo en ese sentido. En el metro, cuando el de al lado abre un poco las piernas y me roza yo las cierro lo más que puedo para evadir el contacto. Si las abre más soy capaz de levantarme, aún cuando todo el vagón esté sentado y en silencio y estemos entre paradas. De hecho esto mismo me ocurrió.
10 Junio, 2008 a las 17:21
Oí escuchar a alguien que es como si tuviera un muro invisible que no quieres que nadie traspase.. Te comprendo , y comparto tu idea…
Muralla invisible SÏ ¡¡ tocamientos de desconocidos o relacionados NOO¡
10 Junio, 2008 a las 19:54
¡Estarías chocha en Francia! Allá difícilmente te tocan para abrirse paso. De hecho, los franceses son muy cautelosos a la hora de establecer contacto físico, aún en relaciones de trabajo y amistad. Supongo que los anglosajones, alemanes, holandeses y escandinavos son más o menos igual.
¿Tendremos que mudarnos de país quienes no somos muy afines al “agarre”* circunstancial?
———————————–
* Los argentinos que miraban Polémica en el bar se acordarán de Mario Sánchez y de su latiguillo habitual “no me agarre” cada vez que Minguito pretendía tomarlo del brazo para hacerle entender algo.
10 Junio, 2008 a las 20:09
Banyuken: Nos pasa lo mismo! Aunque debo decirte que yo ya pasé de levantarme a decirle al “abierto” que por favor cierre un poco las piernas…cosas de la edad y del mal genio, je.
Delapunta: Sí, pero no es una muralla infranqueable de ermitaña y fóbica, sino un espacio de respeto y tranquilidad.
La Spectatrice: Ahora que lo mencionas es verdad. Ni en Londres ni en París noté este “asedio”. Nos mudamos?
11 Junio, 2008 a las 01:38
Puajjj Laura, alientos??? Puaaajjj. Odio más los alientos ajenos y extraños que sus pieles.
12 Junio, 2008 a las 05:34
Supongo que también te sentirias muy a gusto en EEUU. En las charlas introductorias al ingresar a la universidad te explican la importancia de no “invadir” la burbuja de otras personas (son charlas para que los estudiantes extranjeros no se ofendan si un estadounidense los mira mal por tocarlos o acercarse demasiado).
12 Junio, 2008 a las 12:07
Hola Laura, mientras te leía pensaba en la empatía que sentía contigo pero el paisaje era diferente viajar en el 60, o tomarme el subte es “toqueteo” involuntario x doquier… las intenciones ya las describiste pero es cierto… solo basta ser observador cuando en el subte alguien te choca, acto seguido te quedaste sin móvil uff. Lo de la burbuja me sucede más con pequeños espacios donde trabajo, mi escritorio, agenda, manera de ordenar ese lugar que parece una extensión de uno
Animo!!!
12 Junio, 2008 a las 15:52
Hola laura,
pienso igual, a mi me molesta muchísimo la falta de espacio privado…lo peor muchas veces, no son los extraños, si no los conocidos, aquellos que te hablan de cerca (close talker)…nunca se como reaccionar !! besos
12 Junio, 2008 a las 16:11
Venusina: Puaj, sí, requetepuaj.
Chili: Yo también lo creo (que me sentiría muy a gusto en este sentido). Y lo de la recomendación es alucinante! Yo no hablo de extremos, es decir, de reaccionar mal si me tocan por afecto o sin querer, sino del contacto “invasivo” con extraños. Con ese matiz, me encantaría que por estos pagos también dieran algunas charlas de comportamiento social.
Silvana: Te entiendo perfectamente. Y mi burbuja también se extiende a mis espacios físicos, sí.
Mer: Ayyyy, los “close talker”, siiii, qué incómodos! Yo suelo estirar el cogote para atrás casi hasta el borde del desnucamiento, jajaja.
Saludos!
12 Junio, 2008 a las 16:28
Me sumo. A mí también me pone de los nervios ese más que acercamiento, sobre todo en el transporte público, aunque si lo pienso mejor también pasa entre vecinos y compañeros de trabajo. Y si bien hablamos de toqueteos sin intención, igual me molestan aquellos que hablan a gritos no importa dónde estén como si todos formáramos de la conversación o nos interesara saber.
Yo también necesito mi burbuja.
Saludos
13 Junio, 2008 a las 10:12
Dios, con los años me estoy poniendo más burbujera. Antes no me molestaba taaanto, ahora no soporto el contacto físico. Hasta me cuesta el típico beso en las 2 mejillas, me siento como que el otro me envuelve la cara , no se, estoy LOCA.
Aunque en EEUU es peor: la gente no tiene reparos en retroceder si invadís su espacio durante una simple charla.
13 Junio, 2008 a las 20:02
Hola! Yo vi esto de las diferencias “espaciales” cuando viví en Inglaterra unos meses. Mis compañeras de Erasmus y yo siempre le hacíamos bromas a un compañero de casa inglés, muy tímido, y cuando le tocábamos el brazo para decirle cualquier cosa siempre se asustaba… Pobre, no entendíamos porqué!
Un saludo!
16 Junio, 2008 a las 19:48
A veces se puede invadir más sin contacto físico que con él, como ilustra .muy bien el vídeo reciente de Esperanza Aguirre agrediendo a los manifestantes.
Por otra parte yo solía ser muy celoso del contacto, pero descubrí que se trataba, en mi caso, de inseguridad. Cuando me siento seguro no rehuyo el contacto, incluso me parece algo cálido, pero cuando me siento inseguro lo interpreto como una agresión. Me ayudó mucho la experiencia bailando tango, una de las cosas que aprendí ahí es a manejar los límites a los que proyecto la identidad personal.
20 Junio, 2008 a las 09:58
Me parece que estás exagerando bastante. Soy español, vivo en Málaga y esto que comentas, es más propio de lugares pequeños, pueblos que en las ciudades. Desde luego, cuando yo me he subido en el tren de cercanías, que es lo más parecido al metro, esto no lo he visto ni “sufrido”. De hecho me han “tocado” como dices, más los argentinos que los españoles. Se habrán “españolizado” supongo.
Si vienes a un publecito de Andalucía es probable que los lugareños se tomen ciertas confianzas como tocarte el hombro, pero no hay que tomárselo como una invasión de la intimidad, por dios.
Es mi opinión, y probablemente esté equivocado pero no estoy para nada de acuerdo con lo que decís. No lo considero una cuestión cultural, sino individual.
20 Junio, 2008 a las 10:40
José Antonio:
Viví un año en Valdemorillo, otro en Altea y dos en Estepona, así que como ves tengo algo de experiencia en pueblos pequeños de España. Creéme que aquí el contacto físico es más frecuente y no está tan mal visto como en Argentina, aunque allá lo sea por motivos de seguridad, con lo cual la razón es tristísima. Igual es cierto que hay de todo, aquí y allá. Este post es muy personal y habla de mi necesidad de tener un mínimo espacio alrededor y de sentirme molesta cuando me atropellan o rozan los desconocidos. Pero, como sabes, para gustos (y opiniones), los colores. Un saludo y gracias por la visita.
20 Junio, 2008 a las 15:53
Por supuesto, Laura. Se que se trata de una opinión personal y que no es ofensiva, en ningún momento lo he percibido así. Sólo he dicho que me ha sorprendido un poco, sólo eso. Siento si mis palabras han sonado de otra manera.
Soy un asiduo de tu blog, felicitaciones.
20 Junio, 2008 a las 16:38
José Antonio:
No, no me has ofendido para nada, el debate me estimula. Sólo quería transmitirte que conozco España bastante bien (no sólo Madrid) y que cuando me permito generalizar suelo pensarlo mucho y hacerlo tras un profundo análisis. Y gracias.