Ya está bien, la voy a bautizar. Será la Teoría de los Temas Recurrentes. Seguramente, si me pusiera a investigar, comprobaría que un físico retraído de un pueblo perdido de Suiza o un sombrío profesor de alguna universidad rural de Estados Unidos ya la han estudiado y hasta le habrán puesto nombre. Pero para mí será, ya para siempre, TTR. Se trata, como ya lo he contado alguna vez, de algo -una teoría, una palabra, una persona, un lugar- cuya existencia desconoces completamente hasta que un día se cruza en tu camino y a partir de entonces, durante un tiempo, no deja de saltar a tu paso, como si alguien te tirara avioncitos de papel hechos de casualidades o hubiera un maestro de ceremonias dirigiendo con cierta mala leche y una clara obsesión el Show de Truman (y tú fueras Truman).
El nuevo caso, el responsable del bautismo oficioso, tiene que ver con Juan Tamariz. Este hombre, sabrosa mezcla de humorista, mago y prestidigitador, forma parte del bagaje cultural español. Todo el mundo lo conoce y, si no lo ha visto en vivo y en directo en algún teatro o sala cultural, al menos ha seguido sus actuaciones en televisión o ha oído hablar de él. Menos yo.
Durante todos estos años de avituallamiento cultural intensivo Tamariz ysu violín desafinado consiguieron escurrirse de mis sentidos de esponja, dar la vuelta en la esquina justo cuando miraba para ese lado de la calle. Increíble, dicen quienes me rodean y dijeron el martes pasado los amigos (algunos de otros países a los que Tamariz llevó su arte hace años…no sé si nunca recaló en Argentina o yo estaba demasiado ocupada con los Parchís) con los que fui a verlo a la sala Galileo.
Yo también lo pienso ahora, y ahí viene lo de la TTR. Dos días después abrí una revista vieja en el metro y me encontré con una entrevista a Tamariz. Al día siguiente alguien lo mencionó en una conversación. No descarto toparme esta noche con su cara de astrónomo fascinado en la tele o que dentro de poco tenga que entrevistarlo yo misma. Está garantizado, la TTR nunca falla.
Lo mejor que tiene Eurovisión (¿o lo único?) es que te hace tomar conciencia de lo que es realmente Europa. De su tamaño, su diversidad cultural, sus divisiones internas, sus no muy numerosos puntos de contacto y su tremendo desconocimiento acerca de sí misma. El concurso anual de música que enfrenta a candidatos de diferentes países europeos es, además de un concierto entre esperpéntico y folclórico, un apurado recuento de Estados que la mayor parte del tiempo olvidamos que existen y de los que no sabemos casi nada fuera de su ubicación geográfica (de algunos ni siquiera eso, que los ex soviéticos parecen entremezclarse en el mapa que guardamos en la mente). Algo parecido sentí durante el encuentro de periodistas y bloggers organizado por el European Journalism Centre (EJC) en Bruselas hace dos semanas.
Acudimos tres representantes de cada país europeo, algunos de ellos estudiantes y la mayoría profesionales jóvenes en activo. La reunión tuvo como objetivo acercarnos a la realidad europea transnacional y hacernos conocer el Parlamento europeo, que tiene sede en la capital belga y donde pasamos todo un día (el primero fue de conferencias sobre periodismo y blogs) viendo su funcionamiento general y particular de las áreas de Prensa, Internet y Comunicación.
Fue una invitación interesada (pocas no lo son). En junio se celebrarán las elecciones al Parlamento europeo y los periodistas somos el primer eslabón de la campaña informativa que desarrolla el organismo. Pero además se buscó que todos fuéramos bloggers. Y es que las nuevas formas de hacer política (y si no, vean a Obama) tienen en internet una plataforma valiosísima para ampliar su campo de acción y conseguir un diálogo directo con los votantes. Para la Unión Europea la Red puede convertirse en una herramienta inigualable para el conocimiento mutuo entre sus integrantes y la deseada unión de corazones.
Este encuentro también sirvió de acto de lanzamiento de Think About It, un concurso de blogs sobre las elecciones que realiza el EJC y del que participamos como autores invitados todos los que estuvimos en Bruselas. Vamos a escribir, cada uno desde su perspectiva local y personal, sobre el proceso electoral y sobre los temas que nos preocupan a nivel europeo. La gente puede leer, y votar, en la página web del certamen.
Un tema importante, y que generó muchos debates entre nosotros por las desigualdades evidentes (hay países donde la educación es bilingüe) y por los problemas que supone para llegar a nuestros lectores nacionales, es que todos debemos escribir en inglés. Es el idioma que habla la Unión Europea para poder entenderse por encima de las 23 lenguas que utilizan sus 27 Estados miembros. Yo lo comprobé en Bruselas, donde hasta las charlas de pasillo eran en inglés, ya que no había otra forma de poner en común las ideas cuando, por ejemplo, nos reuníamos en torno a un café colegas de Estonia, Portugal, Luxemburgo, Malta, Chipre, Italia y Noruega.
Todos nos fuimos con muchos conocimientos y experiencias que procesar y con una conclusión que parecía -a juzgar por lo que pudimos hablar varios hacia el final- mayoritaria: qué poco sabemos el uno del otro y acerca del trabajo que hacen nuestros representantes europeos, de lo que se discute y decide en la Unión para todos nosotros. Qué cerca y qué lejos estamos todavía.
Mientras tanto…