Después de varios meses de trabajo, hoy ha nacido lainformacion.com (¡Qué mejor ocasión que el Día del Libro!).
Aún queda mucho por desarrollar, pulir, incorporar y corregir, pero lo importante es que ya estamos online. El armazón tecnológico que hay por detrás es absolutamente bestial, y eso que apenas ha enseñado los dientes y todavía no ha tenido tiempo de cortarse el pelo ni de erguirse sobre sus numerosas y potentes patas. Es capaz de agregar miles de fuentes cada pocos segundos, catalogarlas, eliminar repeticiones, agrupar elementos informativos relacionados y ordenar las noticias por criterios de importancia que hemos definido previamente los periodistas.
A nosotros nos toca ahora darle valor agregado, apostar por aquellos temas que faltan en las agendas de los medios o que creemos que necesitan otro enfoque, una nueva investigación, un tratamiento más riguroso o novedoso o simplemente ser rescatados del montón. Hay mucho trabajo por hacer. Allá vamos.

Me llevó años volver. Cuando yo fui elegí la inviolable siesta correntina para garantizarme la soledad del paisaje y el tiempo sin cortes para el viaje al pasado.
A ella también le llevó años volver. Pero no se conformaba con mirar y recordar. Quería entrar, oler, tocar, pisar, sentir y preguntar. En la calle, frente a la casa, se encontró con la nueva dueña que siempre será, a nuestros ojos, una usurpadora inescrupulosa, ciega y sorda a los ecos de nuestras risas en las paredes blancas y las baldosas frescas.
Hola, yo vivía acá de chiquita…- Dijo ella con una sonrisa cómplice y un gesto hacia la cámara de fotos que disparaba frenéticamente hacia la fachada cambiada.
Ah, bueno. – Le respondió la otra y entró a la casa en un santiamén.
Ella todavía está pensando que debería haberla retenido, explicado, que no entendió nada.
Ella- Mira eso. Eso huele horrible…pfff…horrible.
Él- Asqueroso.
Ella- Yo no sé, de verdad…
Él- Asqueroso.
Hablaban de un Labrador grande color arena con collar rojo y cola bamboleante. El autobús se había detenido en un semáforo, junto a la terraza de un bar de mesas y sillas de lata. El perro estaba sentado sobre sus patas traseras junto a una pareja cincuentona que bebía cervezas al sol suave del final de la tarde.
Ella- Por Dios. ¿Has visto? Le ha dado un beso. ¿Lo has visto tú? Le ha dado un beso, a él, en la cara.
Él- Asqueroso.
Ella- Es que le ha dado un beso. Y lo que huelen esos perros.
Él- Asqueroso. Luego seguro que ese tío ve un niño y….
Ella- Yo no sé la gente.
Él- Qué gilipollas.
Ella- ¡Lleva pantalones colorados!
Él- Es gay (pronunciado así, “gai”).
Ella- Lo más seguro.
Él- Te lo digo yo, es gay.
Ella- Es gay. Con ese perro asqueroso.