En invierno soy la sombra de la que vive en verano. Con el frío y la falta de luz mi ritmo vital se apacigua, mis músculos no pueden evitar contraerse en un vano intento por conservar el calor interno, mi cuerpo me pide reposo y sosiego y hasta mi ánimo languidece junto con los días. Madrid, afortunadamente, nos reserva frecuentes cielos brillantes y soleados aún con el termómetro a cero. Pero hacia la tarde también su clima se rinde a la evidencia del calendario y la luz cae vencida por la noche sin oponer apenas resistencia, mucho antes de que terminen las obligaciones y las horas activas. Cuando era adolescente, tal vez a tono con mis conflictos de entonces, prefería la grisura invernal a la explosión despreocupada de la época estival. Hoy lo espero como una amante enloquecida, desesperada por aflojar vestiduras y huir del encierro y la introspección, ansiosa por extender el alcance del tiempo que cada vez tiene más prisa.

El fin de semana estuve visitando bodegas y viñedos en Zamora y nos explicaban que la vid entraba en ‘parada vegetativa’ en invierno y por eso era tan resistente. En España se aclimataba bien porque durante esa parada inhibía sus funciones, que dejaba reducidas al mínimo y luego en primavera el clima español era lo suficientemente amable como para compensarla.
Nos consolaremos pensando que en esto, al igual que en el efecto que tiene en nosotras el paso del tiempo, somos como un buen vino.
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Publicado por M.R.G. | 18 noviembre, 2010, 15:59No sos la única que cae en la pausa invernal.
A veces me siento como un oso polar, buscando dónde ibernar hasta que vuelvan los días largos… qué deprimente que anochezca a las 6!
Nos seguimos leyendo (pronto)
Publicado por maggie | 19 noviembre, 2010, 23:00Hibernar
BRUTA!!!!!!!!
Publicado por maggie | 19 noviembre, 2010, 23:00