Situación:
Una mujer corre bajo la lluvia en una ciudad extraña, empujando un cochecito de bebé cubierto por una funda plástica. Está empapada y sin maquillar, con cara de cansancio. Entra en un bar en el que ondea la bandera de su patria lejana. Pide un café con leche y que le calienten un biberón. Se quita el abrigo chorreante y los pelos pegoteados de la frente. El lugar está regenteado por un compatriota más joven que ella y su mujer, lugareña. Son simpáticos y cercanos y le hacen carantoñas al bebé. A los pocos minutos la chica sale del local y se aleja unos pocos metros. Entonces él aprovecha. Se sienta en la mesa que ocupa la mujer y empieza a hablar en voz baja, susurrante. Suelta una catarata de cumplidos bien sabidos y efectistas. Nunca entendió la carcajada de la mujer, ni su cara de incredulidad.
Pregunta:
¿Por qué (la mayoría) de los hombres argentinos se sienten en la obligación de, al menos, intentarlo? ¿Por qué creen que TIENEN que tirarse el lance, sea como sea?

Porque, entonces, quizás, serían camboyanos o de la Guayana…
Publicado por Bomarzo | 23 noviembre, 2010, 9:19Jajajaja. Bueno, mientras lo hagan elegantemente… ¿y solo lo hacen con compatriotas o están abiertos al mundo mundial?
Publicado por M.R.G. | 23 noviembre, 2010, 10:02Porque quizas nunca se piede nada intentandolo ???
Eso diria mi novio, argentino, claro !!
Publicado por Christel | 23 noviembre, 2010, 10:12