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Archivos para febrero 2011

Palabras vivas

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No me gustan las palabras muertas por muy hermosas que queden amortajadas. No me gustas las palabras que no respiran, que no se mueven. Un texto es un puñetazo en algún sitio, no una descripción objetiva y científica. No me gustan las novelas silenciosas ni los poemas incapaces de volar.

Cuando escribo en este blog, o mis cosas ahora algo atrancadas, dejo que me gobierne un hilo invisible. A veces me llega melancólico, con la canciones vueltas al revés sin motivo aparente; otras, alegre, o peleón como ayer.

Sentir es lo más prohibido en esta sociedad de importantes.

Cuando escucho música sin sentimiento, sin pasión, no veo ni oígo el mar. Entre ese océano y yo hay un muro de contención, un imposible. Me sucede con muchos libros y con muchísimas crónicas periodísticas. Un texto que tiene vida es un texto que sabe de dónde viene y a dónde va y qué es lo quiere contar. Son los dedos los que aprenden a seleccionar palabras y a situarlas en el lugar preciso. Como en un rompecabeza.

Cuando escucho o leo murmullos, frases sin vocales, letanías vagas que se adhieren al paladar, me entra un sueño vertical que me tumba y allí mediomuerto de sopor aguardo la llegada del salvamento celeste. A veces es un sustantivo que despierta, una imagen que regresa de algún viaje demasiado largo o el ladrido del perro de abajo: guau. No importa lo que suene, lo importante es que lo oigas. Si lo oyes es una buena señal: estás vivo y todo lo anterior fue una pesadilla. O un post, que todo puede ser.

Ramón Lobo, en “El sentimiento de las palabras vivas”

(qué lindo aúllas, lobo)

Chicas DIPE

Quién no ha estado frente a una mujer espectacular….mente delgada, que sin embargo come en público como un nadador después de una competición o que afirma hacerlo con cierto tono rebelde o de declaración de principios anti-cánones-de-la-industria (“como lo que quiero, pero soy delgada por constitución” o “me encanta comer, jamás hice dieta”, “adoro las hamburguesas y la comida chatarra”). Cada vez son más los casos, especialmente entre modelos y actrices, y de hecho en las entrevistas últimamente se ha puesto de moda referirse a lo que el personaje en cuestión comió durante la charla con el periodista.

Los estadounidenses, que si por algo destacan es por su capacidad para cazar tendencias casi antes de que lo sean (como si las pudieran oler en la brisa de una tarde cualquiera) y bautizarlas de manera ingeniosa, le han puesto nombre a esta actitud. Lo llaman DIPE, documented instance of public eating, algo así como “ejemplo documentado de alimentación en público”.

En un artículo del New York Times se analiza este nuevo fenómeno y sus posibles motivos. Entre otras razones, se cree que las chicas DIPE lo hacen para aparentar normalidad, para contrarrestar la creencia de los demás de que tienen algún trastorno de alimentación o para disimular el problema que efectivamente tienen, porque consideran que alimentarse de manera más “salvaje” (“masculina”, dicen en el texto) es sexy, para mostrarse cercanas, divertidas y relajadas o para pretender que son tan perfectas que no necesitan de dietas y contadores de calorías.

En todos los casos, triste. Y nuevo abono para que ellas, y sobre todo las que vienen y se alimentan de estos modelos, sigan siendo grises y glamurosas esclavas del despotismo de la imagen.

Del diccionario a Twitter

Hubo un tiempo en que, ante una duda ortográfica o gramatical, recurría a los tomos del diccionario o a las páginas de algún manual específico. Luego llegó una época durante la cual, desde el caos de la redacción y tras agotar discusiones y consultas internas, llamaba a un teléfono de la Academia de Letras para encontrar una respuesta. Más tarde bendije la posibilidad de enviar un correo electrónico que era respondido horas más tarde por los expertos en la materia. Hoy Fundeu (fundación de EFE y BBVA asesorada por la  RAE) ha encontrado un nuevo canal, todavía más veloz, que se ajusta como un guante a su misión y utilidad: Twitter.

Si envías un tweet con tu duda lingüística a @Fundeu recibirás la respuesta directa, pronta y personalizada en 140 oportunos caracteres. El de esta cuenta es, para mí, uno de los usos más prácticos y mejor aprovechados que se le han encontrado a Twitter.

Arianna Huffington

Arianna Huffington espera su biopic. Es el personaje perfecto para una película biográfica que dé el taquillazo: inmigrante griega primero en Inglaterra y después en Estados Unidos, adonde llegó con el corazón roto, ha seguido los pasos de su padre periodista, con varias incursiones en política (la más notoria desafiando al popular Arnold Schwarzenegger) y un matrimonio millonario que entre otras cosas le permitió fundar un portal de blogs que acaba de vender, seis años más tarde y con 60 ella misma, por 232 millones de euros.

Seguir leyendo “Arianna Huffington, emprendedora del año y mujer de película”

Twitter, o el arte de la síntesis…bien escrita

Twitter tiene una peculiaridad que me ha llamado la atención -y gustado- desde un principio: en esta plataforma de microblogging se escribe “bien”, y no al estilo sms adolescente que, para ahorrar espacios, no duda en eliminar tildes y vocales de las palabras, abusar de acortamientos ocurrentes y utilizar fonemas para reemplazar vocablos enteros.

Si bien se cuenta con la ayuda de algunos símbolos comunes a internet y de otros nuevos que apuntan a crear un lenguaje o narrativa propios, en Twitter los usuarios parecen haberse puesto de acuerdo para respetar la ortografía y la gramática y usar muy pocas abreviaturas, apenas las imprescindibles, todo ello aún cuando hay que ajustarse a un máximo de 140 caracteres por mensaje.

De ahí su desafío. El programa del pajarito azul es una escuela excepcional para el arte de la síntesis, otro motivo más para que nos pongamos a ello los periodistas. Un buen tweet es tan difícil, y soberbio, y contundente, como un buen titular.

Meneses

Enrique Meneses es un tipo admirable. No porque tenga 81 años, que no es poco, sino porque con esas ocho décadas a sus espaldas mantiene intactas las ganas de vivir. Y de vivir a su manera, que nunca ha sido acomodada y contemplativa, sino aventurada, apasionada y desafiante. Es uno de los mejores fotoperiodistas de España, gracias a una trayectoria que construyó a base de expediciones arriesgadas por medio mundo en busca de la noticia y de los personajes que la protagonizaban.

Meneses tiene un secreto que lo mantiene aferrado a la vida: la curiosidad. Es un maestro de periodismo (su autobiografía, Hasta aquí hemos llegado, es muy recomendable), pero también, cada día, a cada instante y sin descanso, un alumno aplicado que recibe con entusiasmo los cambios y las novedades de la profesión y del mundo (tiene blog, usa Twitter, Facebook y Skype y lo que haga falta), que defiende y practica el debate, que se vuelca con sus amigos y que riega todo con un ocurrente y ácido sentido del humor que resulta envidiable.

Ayer se presentó en Madrid el documental que la periodista de TVE Georgina Cisquella hizo sobre su vida: “Oxígeno para vivir. Periodismo de la generación Magnum a la 2.0″. El acto se convirtió en un concurrido homenaje a uno de los mejores reporteros de España que, a un archivo vital de película (Cisquella supo verlo cuando lo conoció, en una entrevista que le hizo para Cámara Abierta 2.0), une un presente igual de intenso e interesante.

Meneses es un volcán que se eleva por encima de los achaques que lo intentan sujetar a una silla de ruedas, que ruge con cada bocanada de periodismo y que con su fuego nos enseña a muchos a no decaer y nos impulsa a abrir nuevos caminos para continuar avanzando.

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