La fotografía no deja de sorprenderme, especialmente por la capacidad de las imágenes -o del ojo que las descubre, las recorta y las presenta- para contar historias ricas en significado y alcance.
Por eso solía dejar caer por acá trabajos fotográficos que me cautivaban. Hoy vuelvo con este ensayo conformado por retratos de niños unidos a una imagen de su dormitorio.
Dice su autor, James Mollison, que cuando le pidieron que pensara en un reportaje sobre los derechos infantiles recordó su dormitorio de niño y cómo esa habitación definía quién era y qué tenía en aquel momento (yo también recuerdo la magia de ese espacio propio de juego y refugio, ese primer mini-mundo personal y aparentemente impenetrable e inmenso).
“Where children sleep” (“Donde duermen los niños”) muestra niños y dormitorios de todo el mundo, con el ánimo de señalar que los pequeños son iguales en todos lados pero su pertenencia a determinado entorno social, vital y económico los termina definiendo y “clasificando”.
El jueves, a las 18.20, le di el relevo en la Puerta del Sol. A esas horas la plaza estaba rodeada por la policía y desierta a excepción de los agentes y de una decena de periodistas que cubríamos las manifestaciones del movimiento 15M en protesta por el desalojo de su puesto informativo de ese lugar.
Le dije que llevara su credencial de periodista a la vista, y que con eso no tendría mayores problemas con los policías.
Me equivoqué.
Pocas horas más tarde Gorka era golpeado y detenido mientras trabajaba. No hizo nada irregular ni ilegal ni había quedado en medio del enfrentamiento entre los agentes y los “indignados”. Estaba en un rincón, solo, “tuiteando” los incidentes enfrente del Ministerio del Interior.
Estuvo preso hasta el viernes por la tarde. Ese día él fue la noticia. Sus compañeros y quienes le conocen sabíamos que lo que decían los policías (que los había insultado y escupido) era mentira. Solo queríamos verlo libre, bien y denunciar la brutalidad de la agresión y la injusticia de su detención.
Gorka no cometió ningún delito, se identificó en todo momento como periodista y estaba trabajando cuando fue detenido. Por cierto, igual que los agentes, con quienes solía haber un pacto tácito de no agresión por ese estado compartido de “en servicio” .
Al otro día, ya descansado, duchado y comido, él mismo comenzó a contar su historia:
Historia de un #periodistadetenido (I): La plaza tomada
Historia de un #periodistadetenido (II): Ajedrez en la Castellana