La intriga de Stieg Larsson llega al cine (reseña y entrevista a la actriz Noomi Rapace)
Sorolla en el Prado (texto y vídeo)
Un club para gourmets del café
Los coches blancos vuelven a las carreteras
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Gran Torino es una película pequeña, creíble y sencilla. De factura impecable, pero sin grandes pretensiones. Sólo contar una buena historia, de esas que suceden aquí al lado o más allá y que le afectan a gente corriente. Parece que Clint Eastwoord, su director y protagonista, ha dicho que con ella se despide de la actuación. Y lo que al principio puede parecer extraño, porque no ha elegido una de sus grandes obras para hacerlo sino un filme humilde, de bajo presupuesto y totalmente alejado de las fórmulas para fabricar un éxito de taquilla, en realidad es una confirmación de su manera de ver el cine, y tal vez la vida.
Eastwood es un clásico y un relator de historias. Gran Torino no busca otra cosa y por eso ofrece mucho más (es de esas películas que “crecen” después de verlas, con el paso de los días). Gira en torno a un anciano viudo, racista y malhumorado, que resiste como el último estadounidense blanco en un suburbio de Michigan ocupado por inmigrantes y que se ve involucrado en una lucha entre bandas. Es una película sobre la amistad entre un hombre mayor y un joven muy diferente a él, en la que cada uno aprende algo del otro hasta que surge entre ellos un afecto inesperado y paternal, algo muy parecido, pero con ambos personajes más crecidos, a lo que sucedía en su película Un mundo perfecto.
Además de disfrutar de otra muestra de la maestría de Eastwood en el manejo del ritmo, la posición de la cámara y -sobre todo- la dirección de actores, Gran Torino (rodada en sólo 33 días y como contrapunto a la espléndida y grandilocuente El intercambio) es una reflexión sobre la vejez, sobre la percepción que tienen los demás de quienes ya están instalados en ella y sobre la injusta cortedad de la vida que no se cansa de enseñarnos lecciones hasta el final.
Uf, las horas no alcanzan. Hay tanto que hacer, tanto que leer, tanto que atender. Y el invierno no ayuda. Cuando caen la noche y las temperaturas mi casa entona su arrullo de guarida caliente y conocida y el resto del día se diluye en promesas de una nueva jornada mejor organizada y aún más productiva. Casi todas las deudas son personales. Siempre es más fácil postergarse a uno mismo (el descanso, la literatura, aquella limpieza de cutis, el ejercicio físico, las plantas, el cine) o postergar a los seres queridos (llamadas transocéanicas, cafés madrileños, reuniones de amigos). Si es que “el cariño da asco”, dicen por aquí. Y también está este blog. Carpe Diem espera, paciente, que vuelvan a cristalizarse las ideas que anoto en papelitos o que escribo en emails recordatorios enviados a mí misma.
Quería contar, por ejemplo, que uno de los propósitos del nuevo año es retomar mi viejo hábito de ir al cine una vez por semana. Aquí en Madrid voy a las salas que proyectan en versión original subtitulada (no tengo intenciones de adaptarme al doblaje), así que cuento con una cartelera limitada que, sin embargo, también me sirve de filtro para mucha morralla comercial e intrascendente. Por ahora el compromiso -de único posible cumplimiento en fin de semana, por eso de la hibernación que cuento más arriba- me ha durado dos semanas. Después de la buenísima El intercambio vi la comedia Bienvenidos al norte, que ha sido aclamada y gran éxito de público en Francia. A mí me pareció entretenida, con buenas actuaciones aunque con un humor bastante naif y ligero que basa toda su gracia -más allá de una reflexión subyacente sobre los prejuicios- en las diferencias idiomáticas que hay entre los franceses del norte (donde se habla lo que se conoce como ch’timi) y el resto del país. Me quedan pendientes, en orden de prioridades, la brasileña Estómago, la italiana francesa La clase y la aún pendiente de estreno Slumdog Millonaire.
También quería hablar de la crisis, que lleva meses ralentizando el consumo y la producción y que en este nuevo año está empezando a mostrar sus efectos más duros. No estoy entre los afectados, más bien al contrario, porque tengo el privilegio de participar de un proyecto -el único de su envergadura en el sector de medios de comunicación- en pleno lanzamiento y estoy haciendo un trabajo que me gusta y me ofrece buenas condiciones. Pero tengo amigas que ya sufrieron la “no renovación de sus contratos” y todos los días leo y escribo sobre ajustes y EREs (Expedientes de Regulación de Empleo, el trámite que hacen las empresas cuando quieren despedir a más del 25 por ciento de su plantilla). Pese a todo, esta crisis no tiene comparación con las que viví en Argentina. En primer lugar es mundial, y por tanto inevitable, y no fue provocada por una administración local ineficiente y corrupta, y en segundo lugar no alcanza, pese a su gravedad, los niveles de degradación del sistema (y de la vida de la gente) que provocaron los grandes colapsos de la economía argentina. Hay que trabajar más, ganar un poco menos, gastar muy poco y esperar a que pase el temporal. Porque sabemos que pasará; ésa es la clave.
En medio de todo esto hoy parto hacia Bruselas. Voy como invitada a un seminario sobre las elecciones europeas que organiza el Centro Europeo de Periodismo (EJC, European Journalism Centre). Han seleccionado a tres periodistas y bloggers por país de la Unión (seremos 81 en total) y la expectativa por ver qué nos espera es grande. Es una oportunidad para conocer a colegas de toda Europa, tomar contacto directo con el incansable EJC, adquirir las herramientas y los conocimientos necesarios para informar sobre política europea (fundamentalmente a través de la blogosfera) y visitar de paso el Parlamento. Haré algunos reportajes para 233grados y por aquí también iré dejando mis impresiones.
Foto: Cartel en una estación de metro de la campaña del gobierno para ayudar a los inmigrante que quieran volver a su país. La crisis les afecta en primer lugar, porque la mayoría trabaja en construcción y servicios. Dice: “Si estás pensando en regresar…Plan de retorno voluntario” y da un teléfono de información.
Siempre lo digo: me gusta el cine bien hecho. Ja, pensarán, así cualquiera. Pero es que no hay más vueltas ni recetas complicadas. O bueno, sí existen, pero sólo sirven para distraernos del objetivo final: ver una buena historia, bien contada, creíble y emocionante (sin menoscabar el amplísimo espectro de emociones humanas). Por eso pienso que Clint Eastwood es uno de los mejores directores contemporáneos. Sabe encontrar las historias que vale la pena relatar, sabe dirigir y elegir a los actores (¿habéis notado que en sus películas hay gente mayor? no abuelos, que siempre los hubo, sino personas con arrugas y canas y hombros caídos que trabajan, pasean, hablan, mandan, obedecen, aman, etc.), sabe dónde poner la cámara (los juegos y experimentos de algunos directores me cansan: sólo salen bien ocasionalmente, apenas algunos tienen sentido desde el punto de vista de la historia, la mayoría obedecen a una postura artística artificial y ególatra) y sabe, en definitiva, contarnos una historia de manera sencilla pero profunda, entretenida y sin fisuras.
Con “El intercambio” (Changeling) lo ha vuelto a hacer. Aunque el protagonismo de Angelina Jolie me sorprendió, y me generó cierta reticencia inicial, finalmente decidí seguir confiando en Eastwood. Y me ha vuelto a premiar. La historia, basada en una real de esas que prueban que la ficción no consigue alcanzarla, por mucho que se esfuerce, es la de una madre que lucha por encontrar a su hijo secuestrado y para ello no duda en enfrentarse a un sistema policial corrupto e ineficiente.
Además de una recreación de época impecable (la película transcurre entre los años 1928 y 1935) y una música exquisita (¡obra también de Eastwood!), “El intercambio” es una demostración de actuaciones extraordinarias delante de la cámara (no sería justo destacar solamente a Jolie, aunque me he reconciliado con ella al menos en su faceta actoral) y de la presencia de un ojo experimentado y respetuoso detrás.
La película es larga pero no le sobra ni un minuto ni una sola escena. Obra de la serenidad y sensibilidad, pero sobre todo del dominio del ritmo cinematográfico que demuestra, una vez más, Eastwood. Buen cine, garantizado.
Ayer asistí a un pase especial para bloggers* de la nueva película del austríaco Michael Haneke, Funny Games. Decir “nueva” realmente no es lo más acertado: se trata de la remake de la película homónima que dirigió el mismo Haneke (Caché) en 1997. Lo único que ha cambiado entre aquel filme protagonizado por el estupendo Ulrich Mühe y el que se estrenará en España el 4 de julio próximo es el idioma (la original fue rodada en alemán y esta es en inglés) y el elenco, que ahora encabezan Naomi Watts, Tim Roth y Michael Pitt.
El propio Haneke ha reconocido que la única motivación que ha tenido a la hora de volver a rodar lo que ya estaba (bien) hecho -sin cambiarle nada al guión ni añadir la más mínima variación en el enfoque visual, según me aseguraron ayer otros bloggers que sí habían visto la primera- es llegar al público de Estados Unidos, poco dado a ver cine europeo. Haneke quiere que también los estadounidenses reflexionen, especialmente los más jóvenes, sobre uno de los temas que más le interesan y le preocupan: la violencia.
De eso, justamente, va la película: de la violencia más dura, pura y cruel, la que se da sin motivos y no reconoce límites ni códigos. En este thriller de ritmo trepidante (siempre quise utilizar este término adorado por los críticos), un matrimonio y su hijo pequeño se dirigen a pasar unos días a su casa de verano junto a un lago sin saber que allí se enfrentarán a una pesadilla de sadismo y terror encarnada en la figura de dos jóvenes perturbados que irrumpen en sus vidas y las cambian para siempre.
Funny Games golpea al espectador con su brutalidad y le entrega grandes momentos de suspenso y horror. También a nivel visual y actoral es muy acertada. Creo que quienes no vimos la versión original (yo pienso reparar esto inmediatamente) nos encontramos con una película tremendamente actual e impactante. Sería, además, impecable si Haneke se aguantara las ganas de jugar también él. Lo hace hacia el final, introduciendo determinados recursos cinematográficos que pretenden involucrar aún más al espectador -hacerlo sentir protagonista y no sólo testigo de esa violencia irracional que subyace en nuestra sociedad y en nuestras propias almas- pero que terminan produciendo todo lo contrario, pues quiebran abruptamente la tensión y esa ruptura hace que recordemos inmediatamente la separación entre la ficción que estamos viendo y la realidad que vivimos. Una división que hasta ese momento Funny Games nos había hecho olvidar por completo y en eso, como ocurre siempre en el buen cine, está la magia y de allí sale la lección.
* La gente de Warner, que organizó este pase especial para bloggers, nos pidió amablemente que diéramos nuestra opinión sobre este tipo de convocatorias. Era evidente que quienes se dedican a la promoción cultural iban a empezar muy pronto a dirigirse también a los autores de bitácoras y medios digitales. No hacerlo significaría cerrarse a un canal directo con una importante audiencia que suele utilizar internet para guiar su consumo y su gusto en este ámbito. Las empresas fueron las primeras en contemplar a la blogosfera en sus estrategias de comunicación, pero poco a poco también los promotores culturales, editoriales, productoras de cine y teatros la están teniendo en cuenta, ya que la difusión que se logra aquí es inmediata, exponencial y tiene una frescura y una cercanía interesantes, que se ve acrecentada por la participación de los visitantes a través de los comentarios. Sólo quisiera recordar que, como sucede con cualquier otra herramienta comunicativa, para utilizarla hay que conocerla, seguir ciertas pautas en las formas y los modos (siempre es mejor personalizar que soltar invitaciones colectivas) y tener muy claro cuál es el público objetivo. Si no, se corre el riesgo de ”gastar pólvora en chimangos” o de obtener resultados no buscados e incluso perjudiciales.
La magia del cine. De eso trata la última película de Michael Gondry, Rebobine, por favor (Be kind, rewind), en la que dos amigos deciden volver a rodar las películas de un videoclub que accidentalmente borraron. Con sus remakes caseras de Cazafantasmas o Conduciendo a Miss Daisy, entre otros clásicos del cine moderno, los jóvenes, interpretados por un super histriónico Jack Black y el rapero Mos Def, obtienen un éxito apabullante e inesperado que devuelve la esperanza no solo al idealista dueño de la tienda de alquiler de VHS (Danny Glover) sino también a todo un barrio carente de sueños y cohesión.
No soy muy dada a comedias porque suelen decepcionarme o provocarme apenas una media sonrisa que al salir del cine se esfuma rápidamente junto con el recuerdo de los chistes fáciles y los gags remanidos. Rebobina por favor es una de las contadas excepciones que engrandecen a este difícil género. No sólo me hizo reir, y mucho, sino que además disfruté de la banda sonora (Gondry vuelve a colaborar con Jean-Michel Bernard), de las actuaciones (el acertadísimo reparto se completa con Mia Farrow y Melonie Díaz) y de las muchas lecturas que tiene la historia. Sobresale, a mi juicio, el homenaje y la reflexión sobre el increíble poder de fascinación, movilización y emoción que tiene el cine sobre los seres humanos. Tanto que se convierte en parte de nuestra propia biografía e incluso altera nuestra memoria y tornea nuestros anhelos. Tanto que nos apropiamos de las películas y algunos son capaces incluso de ‘asuecarlas’ y de disfrutar igual o más con esa versión libre que con la original. ¿Qué es ‘asuecar’ una película? Vean la de Gondry y hablaremos el mismo idioma.
Links:
Trailer de Rebobine, por favor (y algunas ’suecadas’)
Ficha técnica de la película
A Sesión Discontinua también le pareció buena
Hace unas semanas entrevisté para la revista Alma al actor, director, productor y guionista estadounidense Edward James Olmos. Vino a Madrid a presentar un ciclo especial sobre su labor cinematográfica y la de su amigo y colega Robert M. Young en Casa América. Olmos se hizo famoso internacionalmente gracias al papel del teniente Castillo en la serie de televisión Miami Vice, pero lleva décadas de trabajo ininterrumpido al frente y detrás de las cámaras (con un saldo de películas valientes y de impecable factura como American Me, entre otras) y desarrolla una incansable labor como activista por los derechos de la comunidad latina en Estados Unidos. Por todo esto Olmos se ha convertido en un importante referente para sus compatriotas de origen hispano. Asume esta causa con convicción, pasión y bravura. Es un hombre cercano, sin pelos en la lengua, muy amable, divertido y serio a la vez, enérgico y tremendamente ocupado. Esto es lo que hablamos.
Siguen sumándose famosos a la blogosfera. Después de la recopilación de Famosos con blog propio de hace casi un año (aquella mucho más amplia y con alcance internacional), aquí llega la segunda parte, exclusivamente española:
- Pedro Almodóvar (él mismo lo define como un espacio para sus ”notas de ruta” , desahogarse y archivar recuerdos)
- Marta Sánchez (moda y belleza y algunos sorprendentes post-collage)
- Vicky Martín Berrocal (en la misma línea que su amiga Marta)
- Andrés Velencoso (el exitoso modelo comparte sus experiencias y viajes por el mundo)
- Vicente Aranda (una especie de diario de rodaje)
- Iván Ferreiro (cuenta los entresijos de su carrera musical)
- David y Tristán Ulloa (los hermanos relatan sus experiencias como directores y en el mundillo artístico en general)
- Carmelo Gómez (el actor desgrana anécdotas, pensamientos y lecturas)
- Marlango (vicisitudes de una banda; generalmente el que firma es Alejandro Pelayo)
Actualización 31/03/08
- Alaska y Mario Vaquerizo (ya está on-line el blog conjunto de la pareja más vanguardista)
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Famosos con blog propio
Blog de escritores I
Veinticinco años de cárcel y cinco más bajo libertad vigilada es lo que tendrá que pasar el inmigrante ecuatoriano de 20 años que en noviembre de 2006 asesinó a la actriz, guionista y directora estadounidense Adrienne Shelly en su estudio de Greenwich Village. La condena, dictada ayer, se emitió luego de que el propio Diego Pillco se confesara culpable y revelara detalles desconocidos de un crimen que en un principio estuvo lleno de misterio y de variadas hipótesis, incluida la del suicidio.
Aunque se creía que el asesinato se había producido en medio de una discusión, Pillco reveló en el juicio que mató a Shelly, de 40 años, cuando ésta lo encontró hurgando en su bolso. Él había llegado en forma ilegal a Estados Unidos y se desempeñaba como albañil para sobrevivir e intentar saldar su deuda de 15.000 dólares con quien le había facilitado el ingreso a ese país. Ese día, 1 de noviembre de 2006, trabajaba en una obra en el mismo edificio donde la actriz y flamante directora de Waitress (estrenada en forma póstuma en 2007, en España con el título La camarera) tenía su estudio. El joven se coló allí e intentó robarle la cartera del bolso, pero fue sorpendido por Shelly y reaccionó golpeándola y estrangulándola, tras lo cual la colgó con una sábana en el baño para simular un suicidio.
Ayer, en el juicio, los familiares de Shelly increparon a Pillco mostrándoles su inmenso dolor por la pérdida de un hija, madre, esposa y artista que todos apreciaban y consideraban “increíblemente inteligente, generosa, bella y divertida”. El joven, que será deportado una vez que cumpla la condena, también habló. Lo hizo mediante un traductor para decir que “ese día no tenía el propósito de hacerle mal a nadie” y afirmar que “si existiera la pena de muerte, la pediría para acabar con este sufrimiento”.
Una historia triste por donde se la mire y sin buen final para nadie.
Fuentes: Daily News/El Universo.
Foto: Adrienne Shelly (en el centro) en un momento del rodaje de ‘Waitress’ junto a las actrices Keri Russell y Cheryl Hines.
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Misterioso asesinato en Greenwich Village
Si eres fan de Tim Burton (El joven manos de tijera, La novia cadáver, Charlie y la fábrica de chocolate) y te atrae el musical, no puedes dejar de ver Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet. En su nueva película, Burton sale más que airoso del reto que supone estrenarse en un género totalmente apartado de su trayectoria manteniéndose a la vez fiel a su propio y peculiar estilo de hacer cine.
Lo hace de la mano de su actor fetiche, Johnny Depp, quien debuta como cantante, y de la actriz inglesa Helena Bonham Carter, a quien ser la esposa del director no eximió del cásting para ganarse el papel de la pastelera que acompaña al barbero Todd en su cruenta venganza contra un malvado juez que destruyó su vida y la de su familia.
La historia que cuenta la película está basada en un personaje clásico y en un musical que lleva años encima de los escenarios de Broadway a cargo de Stephen Sondheim, autor de la banda sonora, que está considerada como una de las más difíciles de interpretar por sus exigencias técnicas.
La película está ambientada en un Londres dickensiano, entorno en el que tanto Depp como Bonham Carter se lucen con sus rostros ya de por sí góticos y algo sombríos, apoyados en un reparto de lujo. Y es sangrienta, un exceso que compensa la preciosa estética que tan bien sabe crear el director (esta película recuerda visualmente a Sleepy Hollow) y que mantiene al público en tenso equilibrio entre el espanto y la fascinación por la belleza del horror. El propio cineasta ha dicho que se trata de un filme “impresionista y no realista”, que decidió hacer atraído por la combinación de “emotividad de la música, junto al horror y el humor” que encierra el texto.
El de anoche fue el preestreno de la cinta en Madrid, pues Sweeney Todd recién llegará a las salas el próximo 15 de febrero. Al evento acudió el mismísimo Burton, quien subió unos minutos al escenario para agradecer el apoyo a su nueva obra. Aunque afable, se lo notaba cansado y algo desorientado, lo cual es entendible pues su parada de ayer en la capital española forma parte de una extensa y ajetreada gira mundial de promoción. Durante el día, además de conceder múltiples entrevistas, mantuvo un encuentro digital con los lectores de un periódico y cerró la jornada con su participación a medianoche en el programa televisivo Miradas 2.
.Tim Burton anoche, en el escenario de los cines del Palacio de la Música, en Madrid. Bromeó con el público (no sabía bien si decir buenos días, tardes o noches, desorientado después de tanto viaje) y agradeció la presencia de la prensa e invitados, entre los que hubo algunos actores y directores conocidos. Recibió un aluvión de aplausos.
Links:
Web de Sweeney Todd
Trailer de la película
Actualización
Poco después de publicar esta entrada se anunciaron las nominaciones a los premios Oscar de este año. Entre los candidatos a llevarse la estatuilla como mejor actor figura, justamente, Johnny Depp por su papel protagónico en Sweeney Todd. Para ver la lista completa de nominados pinchar AQUÍ.