Hay que seguir de cerca a La Patata

patataLos chicos de la compañía La Patata & Company Teatro apuestan por el que tal vez sea uno de los estilos más difíciles dentro de su arte, el del absurdo. Hace un par de semanas los ví en la obra que están presentando en Madrid y en otras ciudades de España, El cepillo de dientes, basada en un texto del chileno Jorge Díaz. Combinando con mucho acierto y eficacia humor, sátira, drama y grandes dosis de histrionismo, Jorge Velázquez y Lee Lima interpretan a un matrimonio que se inventa un mundo de locura a través del cual huye de la rutina. Esa peculiar dinámica de pareja sirve como excusa para invitar al público a reflexionar sobre la comunicación, el amor y la individualidad. Virginia Jiménez, amiga y prometedora artista, colabora en la dirección de la obra y se ocupa también de su escenografía y  diseño.

Noche de música y humor con Los Amados

Sobre al amor va el espectáculo que la compañía argentina Los Amados ha traído al Viejo Continente. Con el título “Rutilantes en España” la obra, que se presenta hasta el 12 de octubre en el Teatro Fernán Gómez de Madrid*, es una joyita de lo mejor del café concert. Sus actores son también grandes músicos y, de la mano de boleros, merengues y sones, nos invitan a reir y a reflexionar sobre el amor. Y a bailar. Y a aplaudir agradecidos por una magnífica noche de diversión apta para todo público.

* De martes a vieres a las 20.45 hrs. Sábados doble función, 19.30 y 22 h. domingos, 18.30 hrs. La entrada cuesta 18 euros, salvo los martes y miércoles, cuando el precio se reduce a 14 euros. Duración: 1 hora y 20 minutos.

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Dominó, el musical

A los que andan estos días por Buenos Aires no quiero dejar de recomendarles que vayan a ver el domingo la última función de Dominó en Cabaret. Es la adaptación de Dominó, el musical, de Aníbal Pachano, ex integrante de los Botton Tap. La obra estuvo todo el año pasado en cartel en el teatro El Globo, hizo temporada de verano en Punta del Este, este año visitó algunas ciudades argentinas y ahora se despide, de nuevo en la capital y en versión “cabaretera”, en el Velma Café.

La recomiendo firmemente por dos motivos: el primero porque es buenísima. Lo dicen todos los que fueron a verla y lo prueba la amplia repercusión que tuvo, además de que fue declarado “espectáculo de interés cultural y artístico” por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Y segundo porque una de las actrices-cantantes-bailarinas protagonistas es mi hermana:

Actualización

Como dice la artista de la familia en un comentario, los lectores de Carpe Diem que la contacten tendrán 2×1 en las entradas.

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Breves del fin de semana

OlimPLAFF1- El sábado llevé al hijito de unos amigos a ver la obra infantil OlimPLAFF, al teatro Alfil. Es de la compañía Ylllana, que lleva 17 años embarcada en la difícil tarea de crear, producir y presentar espectáculos teatrales, además de gestionar artistas y el propio Alfil (cuya cartelera, siempre creativa y sabrosamente al margen del circuito comercial, recomiendo). En el caso de OlimPLAFF puedo decir que es una muy buena opción para llevar a los más pequeños al teatro…y divertirse también uno con la experiencia. Nos reimos todos, adultos y niños, con los gags casi mudos (Yllana reivindica el humor hecho a base de histrionismo, onomatopeyas, mucha energía, “al filo del bufón”) de tres atletas que compiten muy a su manera en unas olimpíada también bastante especiales.

2- Ayer domingo acompañé a una amiga y colega a la Plaza de Toros de Las Ventas, que queda a unos metros de mi casa, a hacer un reportaje sobre el nuevo fenómeno que se vive en España de recuperación de la afición taurina. Lo curioso del caso es que la moda ha sido restablecida por las nuevas generaciones de jóvenes de clase media o alta. Son ellos los que han redescubierto “los toros” y han impuesto este “espectáculo”, hasta hace muy poquito denostado por las nuevas generaciones (más que nada por rancio, lo de la crueldad hacia el animal no era el argumento principal de aquel desprecio), como la tendencia más cool y exclusiva del momento. 
Mucho ha tenido que ver con este giro el polémico torero José Tomás, que justamente se presentaba ayer en Las Ventas. José Tomás arrastra desde su regreso a los ruedos hace un año a una multitud de seguidores fieles que no dudan en dormir afuera de las plazas para asegurarse una entrada o que llegan a pagar hasta 3.000 euros por las mejores ubicaciones en la reventa. Ayer lo demostraron: la Monumental estaba atiborrada. Se mezclaban, en una fauna realmente curiosa, los fanáticos de siempre con sus almohadones forrados en tela y con manija (los usan para sentarse sobre las gradas) y los famosos (vi a Joaquín Estefanía, Jorge Sanz y Marta Robles, entre otros) con cientos de veinteañeros y treinteañeros pijos que no dudaron en dar muestra de su nueva pasión ante el micrófono de mi amiga.
Antonio Muñoz Molina describió en El País, y de una manera soberbia, lo que está sucediendo y la frustración y el desconcierto que sienten quienes se/nos oponemos a mantener ciertas cosas, aunque se llamen tradición.

Una señorita de las de antes

La señorita JuliaEl viernes asistí al preestreno de “La señorita Julia” en el teatro Fernán Gómez (ex Centro Cultural de la Villa), de Madrid, dirigida por Miguel Narros y protagonizada por María Adánez, Raúl Prieto y Chusa Barbero. Esta obra, la más conocida de August Strindberg (1849-1912) y una de las más  representativas del teatro sueco, propone un angustioso y algo sádico enfrentamiento entre sexos, entre clases y también, vista ahora, entre épocas.
Julia es una joven de clase alta, hija de un conde, pero criada como un varón por su madre feminista. Se percibe cumpliendo un rol de niña bien para el que no está preparada ni tiene las suficientes fuerzas para rechazar y poder así buscar su propio destino. Se refugia en el juego y jugando en la Noche de San Juan -no puede haber mejor momento que el solsticio de verano, donde “el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”- enreda en sus tretas a un criado con aires y sueños de grandeza, Juan. El choque entre ellos, entre sus visiones del mundo, de la vida y especialmente del otro, sumado al punto de vista conservador y religioso aportado por la espléndida criada interpretada por Barbero, es el eje central de esta pieza de alta tensión psicológica.
Los tres actores cumplen su trabajo con oficio, pasión y vigor, cualidades sin duda necesarias para interpretar personajes de esta complejidad y desesperación, con un texto que no decae ni uno sólo de los 115 minutos sin interrupción que dura. El montaje de Narros -con una especie de prólogo explicativo ofrecido por los tres protagonistas antes de meterse cada uno en su respectivo papel- es también enérgico y acertado, lo cual sumado a una escenografía cuidada hacen de la obra una interesante opción. Eso siempre que a uno le seduzca la reflexión sobre odios ya caducados, pues a mi juicio el único punto que desluce el gran trabajo de todo el equipo técnico y artístico es la pérdida de vigencia de determinados conflictos (de género y de clase) que en el texto de Strindberg aparecen ocupando un lugar preferencial. Un lugar que este mundo, ahora y tras tantas luchas, nos permite no encontrar ya tan rígido ni considerar cuestión de vida o muerte. 

Notas al margen:

1- Asistí al preestreno en Madrid (la obra llega a la capital tras una gira por España) invitada por el área de Promoción del teatro, que a tono con los nuevos medios de difusión que han surgido últimamente destina alguna de las habituales invitaciones a bloggers aficionados al género.

2- Me encantó la sala Girau donde se presenta la obra. Es amplia, está dispuesta a modo de anfiteatro griego y tiene maravillosas butacas amplias y mullidas.

3- La obra contiene algunas escenas de sexo y violencia que la hacen no apta para menores (detrás de mí había dos niñas pequeñas junto a sus padres y varios nos sentimos incómodos).

Link:
Horarios, precio y fichas artística y técnica de “La señorita Julia”

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Fin de semana teatral

Elenco de Mi fin de semana estuvo acaparado por el teatro. Fui el viernes y ayer, y en ambas ocasiones salí muy conforme con las obras que había visto, dos piezas sencillas pero muy entretenidas y excelentemente interpretadas y dirigidas.
La del viernes fue una comedia en toda regla: Salir del armario, de Francis Weber (La cena de los idiotas), dirigida por José Luis Sáiz y protagonizada por un magistral José Luis Gil (Cuesta en la televisiva “Aquí no hay quien viva”). La trama se centra en un oficinista gris y aburrido que inventa una nueva personalidad para evitar el despido. A partir de allí, su vida y la de quienes lo rodean cambia y el juego permite destapar la doble moral de la sociedad. La obra resulta divertida y permite admirar a un elenco experimentado que se luce en el sutil y difícil arte de hacer reir sin forzar y sin llegar a cansar.
Ayer, en cambio, la obra se aproximó más al drama. Olvida los tambores vuelve al teatro treinta y siete años después de ser escrita por Ana Diosdado (quien por cierto estaba entre el público) y pese a mantenerse como un retrato de los agitados años ‘70 por decisión de su director, Víctor Conde, también conserva su frescura y su irreprimible fuerza narrativa. Es la historia de dos parejas jóvenes, y el enfrentamiento entre sus sueños e ideales y la realidad, contada con suma pericia por un grupo de actores muy joven encabezado por Antonio Hortelano y Ana Polvorosa (”Aída”) que se merecen los largos aplausos que reciben tras el exigente final.
En ambos casos imperó el profesionalismo de los actores y el buen ánimo del público. En las dos funciones, también, sonaron varios móviles. Los tonos interrumpieron escenas de risas y de llantos, silencios dramáticos y gags hilarantes. Conté hasta seis interrupciones el viernes y tres el domingo, pese a los ruegos iniciales de apagar o silenciar los teléfonos.
Como escribí al principio, los dos días salí contenta del teatro, aunque también pensativa. No entiendo por qué, como sociedad, avanzamos tanto en algunos aspectos y en otros nos empeñamos en comportarnos de una manera tan grosera e irrespetuosa. La mala educación últimamente me trae de cabeza.

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La despedida del gran mimo

Marcel Marceau

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Hoy se anunció la muerte del mimo francés Marcel Marceau, ocurrida ayer en París, a los 84 años. Sobreviviente del Holocausto, incansable luchador por la paz mundial y artista de probada maestría, Marceau siempre será recordado con la cara de Bip, su personaje más entrañable, el que hizo popular a gran escala un arte hecho de sutileza, silencio y sensibilidad.
Reproduzco aquí un artículo que publiqué hace ocho años en la revista argentina Magazin Semanal, con motivo del entonces cumpleaños número 76 de quien ya pasó a formar parte del universo del recuerdo y del altar de las leyendas.

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EL MAESTRO DEL SILENCIO

El gran mimo francés Marcel Marceau, quien mañana cumple 76 años, se ha convertido en el artista del silencio por excelencia. Hace más de medio siglo se vale de su ductilidad corporal, expresividad y candidez para transmitir su mensaje pacifista y humanista a públicos de todo el planeta, que se emocionan y ríen con la figura sin edad ni rostro del inconfundible artista.
“Cuando el arte se ve, no hay que explicarlo. Leonardo y Miguel Angel son silencio. Si está permitido presentar artísticamente pasiones y hechos con la ayuda de la música, la pintura, la plástica y la palabra, también debe estar permitido hacerlo silenciosamente”. Marcel Marceau explica su visión del arte mímico con simpleza. Parece querer decir, sin atreverse, que su arte se comprende cuando se conoce. Basta ver, por ejemplo, a su personaje Bip, que creó hace más de medio siglo, dando vida con él a la imagen universal del mimo. Con la cara pintada de blanco, la camiseta marinera y el sombrero de fieltro con la flor roja, esta mezcla de Pierrot y Carlitos -el vagabundo de Charles Chaplin- logra comunicarse sin hablar, recrear espacios y situaciones en un escenario vacío y provocar la risa y hasta la congoja valiéndose únicamente de la precisión de sus movimientos y gestos.
Marceau describe a su creación más conocida con ternura. “Bip es una persona románticamente simple. Un idealista de pueblo, una especie de Quijote. Bip no tiene edad, desentraña la balada de la propia existencia del ser humano”, dice. La explicación parece no convencerlo y lentamente, alentado por su intento de explicar el sentido de su trabajo, comienza a dar cuenta también del objetivo de su vida: “A través de él y de otras creaciones pretendo dejar mi legado, transmitir todo lo que he aprendido. Sobre un escenario siento que soy el testimonio silencioso de toda una época. El arte del mimo es un arte de metamorfosis de la vida, de estados de ánimo, de situaciones trágicas, cómicas, arte metafísico y filosófico, síntesis en verdad de un cuerpo y un alma. Esencialmente el arte del mimo es música. Hay una relación muy estrecha y particular entre la música y el silencio. El mimo intenta una auténtica partitura que tiene que ver con los gestos y la armonía. Hoy más que nunca pienso que el arte del mimo debe ser popularizado y hay que adaptarlo para la televisión”.

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Corresponsales de guerra

El próximo jueves, la compañía Teatre Arca presentará en Madrid la obra La Guerra de los Frágiles, que narra las vivencias de los corresponsales de guerra, sus reflexiones y las situaciones que comparten con civiles y soldados durante los conflictos.
La pieza teatral, definida como una tragicomedia, fue escrita por Jesús Roche en colaboración con los periodistas Alfonso Armada (ABC y El País), Enric González (Premio Cirilo Rodríguez de Periodismo), Ramón Lobo (El País), Gervasio Sánchez (Heraldo de Aragón), el escritor Francisco González Ledesma y Reporteros Sin Fronteras.
Justamente, la recaudación de esta función de preestreno se destinará a solventar el proyecto “Seguridad de los Periodistas” que lleva adelante la asociación. La iniciativa consiste en establecer un completo dispositivo que incluye seguro con tarifa preferente para que los reporteros independientes cubran zonas en conflicto con una garantía asistencial; préstamo gratuito de chalecos antibalas, cascos y balizas de localización GPS para los reporteros freelance; SOS Prensa, una línea telefónica de urgencia para los periodistas en peligro, disponible los siete días de la semana, las 24 horas del día; programa de soporte de los periodistas en asilo en España y creación del Observatorio de la Libertad de Expresión y de la Casa de los Periodistas en Andalucía.

Titulo: La Guerra de los Frágiles
Compañía: Teatre Arca
Autor: Jesús Roche – Director: Toni Albà
Intérpretes: Francisco Conde, Vicente Gil, Jesús Roche y Sara Sansuan
Fecha: 20 de septiembre de 2007
Horario: 19h30
Local: Auditorio CCOO de Madrid (C/ Lope de Vega, 40)
Venta de entradas: FNAC de Callao, Parquesur y Plaza Norte – Precio: 10 euros

En la boca del lobo: comedia de la buena

Muchas veces se ha dicho que no hay nada tan complicado como hacer reir. La comedia transita la peligrosa senda del humor, ese escurridizo, cambiante y volátil estado de ánimo que lo mismo se manifiesta mediante una explosión de carcajadas aprobatorias y cómplices que pisotea con acierto las fibras sensibles del buen gusto o se diluye en la indiferencia más agria. Por eso, cuando uno asiste a una función de teatro con comedia de la buena, la que hace reir y entretiene, sale doblemente recompensado: por la risa y por el acierto.
Esa fue, sin duda, la sensación que acompañó a la mayoría de los asistentes al estreno ayer de “En la boca del lobo”, en el Teatro Alfil (sala madrileña que confirma, día a día, su apuesta por las compañías independientes y en especial por el difícil arte cómico).
La obra está basada en la gran capacidad interpretativa e histriónica de sus protagonistas: José Luis García-Pérez y José María Peña, ambos con una larga trayectoria a sus espaldas e integrantes de la compañia Digo Digo Teatro. Están dirigidos por Juan Carlos Sánchez y entre los tres, y con muy poco más que un escenario y las luces, se arreglan para cautivar al público hablando de teatro, del hombre y la mujer, del cambio de siglo, del amor y el desamor…en definitiva, del ser humano, sus conflictos y contradicciones.
Por cierto, en el estreno de ayer estuvieron presentes varios actores y directores (Belén Rueda, Paco Tous y Benito Zambrano, entre otros), que no quisieron dejar de dar la bienvenida a una nueva apuesta de estos hombres de oficio y prestigio en las tablas.

La obra estará en cartelera hasta el 29 de mayo. Única función: martes a las 22,30.

Sarah Kendall encandila Madrid

Los que se enteraron y se apresuraron disfrutaron de un espectáculo exquisito: el que la talentosa comediante australiana Sarah Kendall brindó anoche, en una única función en el Teatro Alfil de Madrid, como parte de su gira europea y gracias al buen hacer del Guigling Guiri Comedy Club.
La joven humorista, que venía de dos noches igual de exitosas en Barcelona, está reconocida por la crítica internacional como una de las mejores exponentes del difícil arte de la comedia, tan de moda últimamente pero también tan denigrado. Y su presentación madrileña hizo honor a su recién labrado prestigio y a los numerosos premios que se le han otorgado.
Kendall supo ganarse a su audiencia (en su mayoría extranjera, ya que el espectáculo es en inglés) con su fresca simpatía, su descuidado encanto, su gran capacidad histriónica y -fundamentalmente- con un humor eficaz y sin pretensiones.
La artista australiana tiene un estilo fresco, relajado, inteligente pero jamás rebuscado. Posee una característica esencial en los grandes cómicos: naturalidad. Y dominio de la escena.
Kendall se muestra atenta y curiosa, no teme improvisar ni hacer el ridículo y establece hilarantes diálogos con el público sobre los increíbles bigotes de varios hombres de la sala (a uno se lo acarició con deleite mientras hacía una alegoría del suave bello facial) o interroga a una periodista acerca de sus notas y festeja cuando le confiesa la alta cantidad de estrellas que piensa darle al espectáculo.
Pese a sus continuas salidas de libreto, la comediante no pierde el hilo ni deja entrever que todo responde a un guión que también, seguramente, funciona como red de protección bajo el trapecio. Con gran habilidad, no deja que el texto ni el ansia por liberar las risas incomoden al público o la distraigan del ritmo esquivo de sus reacciones, al que parece irse acomodando como una ágil y graciosa bailarina de puntillas.
El espectáculo que Kendall presentó en España está basado en pequeñas anécdotas de la vida diaria en las que la principal protagonista -torpe, irreverente y lista- es ella misma. Kendall se ríe de Kendall. Otra característica imprescindible en los maestros de la comedia.

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