El dibujante del polvo

¿Qué hace alguna gente cuando se encuentra con la ventanilla de un coche completamente cubierta de polvo? Sin dudarlo, estira el dedo de E.T. y le deja un mensaje al dueño del vehículo. Suele ser “Lavame, sucio” (el calificativo es optativo, aunque frecuente), pero también hay fanáticos del Smiley y necesitados de autoconfirmación que dibujan sus iniciales o su nombre.
Scott Wade es una de esas personas, aunque en su caso las cosas han llegado mucho más lejos. Lo que sucede es que, además de un dedo índice algo inquieto, este estadounidense de 47 años posee ciertas aptitudes artísticas y reside en las afueras de Austin, Texas, junto a una carretera donde las nubes de polvo que levantan los coches al pasar se confunden con las del cielo. Sin ir más lejos, su Mini Cooper y el Mazda que conduce su mujer están permanentemente ocultos por un velo blancuzco que les ha servido a ambos, y a muchos otros aficionados desconocidos, de pizarra y de lienzo improvisado.
Así es que un buen día Wade decidió unir y aprovechar todas estas circunstancias y se dedicó a recrear grandes obras de arte y a hacer retratos y caricaturas sobre los cristales, creando una colección un tanto bizarra de dibujos perecederos que inmortaliza en fotografías y vende a través de su web Dirty Car Art. En lo último que piensa ahora es en lavar su coche.

Scott Wade

Ver más obras de Wade.

(Vía fandecine)

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Rally a Mongolia

“El próximo mes de julio mi bólido, una irreductible Vespa de 200cc, y yo nos embarcaremos en una nueva aventura (…) Atravesaremos los confines de Europa para dar con nuestras narices en el corazón de Asia (…) Nuestro destino final, Mongolia. Así, atravesaremos parajes inhóspitos, cuyas carreteras no han sido rehabilitadas desde tiempos del mismo Khan. ¿Miedo? Mucho. ¿Ganas? Más”. Así comienza a relatar su aventura el joven madrileño Jaime Adán. Participa del Mongol Rally 2007, cuarta edición oficial de una carrera benéfica creada en 2001 por dos jóvenes de Bristol que decidieron ir al lugar más exótico y lejano que se les ocurrió a bordo de su fiel Fiat 126.
La alocada travesía por el corazón de Europa y Asia se repitió, ya con más participantes y un claro objetivo solidario, en 2004, 2005 y 2006, ocasión esta última en que ganó el único equipo español, integrado por Alberto Gómez-Borrero y David Beltrán.
La gesta de los jóvenes castellanos impulsó a varios compatriotas a sumarse este año a la convocatoria. Tal fue el interés manifestado por España en este alocado rally que por primera vez se habilitó a Madrid como salida alternativa a Londres.
Adán es uno de los diez equipos que partieron de la Puerta del Sol (otros 190 lo hicieron desde la capital británica) el pasado 20 de julio rumbo a Ulán Bator. Su caso es el más llamativo entre los locales porque es el único que viaja solo y que lo hace a bordo de una motocicleta, una vieja Vespa de 200 centímetros cúbicos por la que tuvo que pagar cien libras de multa.
Y es que las reglas del Mongol Rally lo establecen claramente: los automóviles autorizados deben tener un motor de hasta 1.000 cc (“esos que generalmente son considerados basura”) y los vehículos de dos ruedas no pueden superar los 150 de cilindrada. Quienes exceden ambas medidas –lo cual no se recomienda desde la organización para no traicionar el espíritu de la carrera- deben pagar multa.
Se estipula también que cada equipo debe aportar un mínimo de mil libras para participar y que todo el dinero recaudado se destina a entidades benéficas. En el caso de los españoles se escogió a Mercy Corps Mongolia (dedicada a proyectos de desarrollo en las zonas rurales de Mongolia) y a Misioneras de María Mediadora (abocada al equipamiento de la biblioteca en el internado femenino de Lilongwe, en Malawi).
El Mongol Rally es peligroso y difícil, ya que los riesgos corren por cuenta de cada equipo, al igual que los gastos derivados del viaje (de ahí la búsqueda desesperada de patrocinadores), pero también es muy libre, pues hay cuatro rutas para elegir y sólo tres paradas obligatorias en Praga, Uzbekistán y Rusia. Incluso llegar al final en estos próximos días es secundario. Tanto es así que no hay premio para el/los ganadores. El reglamento de esta carrera sin meta lo advierte: “no se trata de llegar a Mongolia sino de la diversión que hay en intentarlo”.

Links:
Web del Mongol Rally

Equipos españoles participantes en el Mongol Rally 2007:

Omeyas Córdoba
Dos amigos cordobeses, Antonio Pérez y Francisco Javier Campos, a bordo de un Seat Marbella 1994.
R-77
Las únicas mujeres: dos hermanas canarias, Nuria y Natalia Puyol, en un Opel Corsa.
Samurai Mongol
Los catalanes Isaac Llorens y Albert Cantos con un Suzuki Samurai 1.000 cc.
Genghis Kar
Desde Madrid, los hermanos Jorge y Antón Alvar con su “furgoneta cuatro latas”. 
Atopocu2
También madrileño, el intrépido solitario Jaime Adán y su Vespa.
Team Jackal
Jesús García y Jorge Yébenes, en un Ford Fiesta de 50 caballos y 16 años.
Spanish Adventurers
Raúl Díaz y Antonio Orduña a bordo de un Citröen AX 1.0 del ‘95.
Español
Los madrileños Miguel Ángel Rodríguez y Jaime Fernández en un Nissan Micra 1.3.
Eco Challenge
Adrián Vázquez y Felipe Blanco conduciendo un Lupo 1.4 cc.
Mallorca2Mongolia
Un Seat Marbella y sus misteriosos ocupantes mallorquines.

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La vuelta al mundo en una Mehari

La Mehari de los SabahEl uruguayo Mario Nelson Sabah y sus hijos Ismael y Matías recorrerán el mundo durante dos años a bordo de una vieja Mehari azul. Lo que comenzó como un sueño que el padre confesó hace diez años a su prole, durante una de las habituales travesías familiares en otro Citröen, empezó a hacerse realidad el 1 de marzo pasado, cuando los tres partieron de Montevideo rumbo a la mayor aventura de sus vidas.
Los Sabah tienen previsto recorrer 65 países de los cinco continentes. Después de pasar por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Panamá, actualmente se encuentran en Costa Rica, desde donde tienen previsto dirigirse hacia América del Norte y pasar luego a Asia, Indonesia, Europa y África (ver mapa).
Una vez tomada la decisión de hacer realidad lo que parecía una locura irrealizable, propia de la mente de un quijote inofensivo, Mario y sus hijos se pusieron a acondicionar el vehículo que iban a utilizar. No podía ser otro, dicen ellos mismos, que aquella destartalada pero resistente cachila que los había acompañado durante todos estos años y que “se había convertido en un miembro más de la familia”.
Durante esta etapa inicial, y mientras buscaban empresas que los apoyaran con los gastos del viaje, los Sabah encontraron también lo que se convertiría en el lema de esta aventura, en la razón que dotaría de fuerza y trascendencia a su alocado periplo. La decisión de parientes y amigos de emigrar les hizo pensar que su vuelta al mundo podía servir para llevar un mensaje de unión y esperanza a los miles de uruguayos que están lejos de su patria. Asumieron, voluntariosos, “la responsabilidad de ser muy buenos embajadores de nuestro país, embajadores con el compromiso de traer a nuestro pequeño Uruguay las inquietudes o necesidades de esa diáspora que suma 500.000 personas que día a día sueñan con volver”.
Así nació lo que hoy es Uruguay por el mundo. Las incidencias, anécdotas y logros del viaje familiar pueden seguirse día a día en la web del proyecto, donde además se brinda la posibilidad de contactar por correo electrónico a los tres aventureros para darles aliento o, en el caso de los uruguayos, para sumarse a la estela de la Mehari que avanza cantando su himno.

Itinerario de