Toco y me voy

Mi silencio bloguero no obedece más que a una voluntaria ausencia temporal. Es verano en esta parte del mundo y estoy de vacaciones. Aprovechando una visita familiar ideé un recorrido por algunos lugares del país que me faltaba conocer: León, Asturias (Oviedo, Gijón, Ribadesella, Cangas de Onís, Llanes, Parque Nacional de los Picos de Europa) y Santillana del Mar (Cantabria). Una vez más, España me regaló paisajes soberbios y mesas opulentas, rincones henchidos de historia, sabrosos modismos locales y un maremágnum de hospitalidad y tranquilidad. Aprovecho una breve parada técnica en Madrid antes de continuar viaje para escribir estas líneas y dejar caer algunas fotos caprichosas:

1- Catedral de León; 2- La Iglesia comienza a modernizarse: en la catedral de León se aceptan donaciones con tarjeta; 3- También en León hay bicis de alquiler público, como en otras ciudades de España; 4- No sólo hay independentismo (País Vasco, Cataluña), además ¡León pide su autonomía!

1- Covadonga; 2- Puerto de Gijón al atardecer; 3- Licores y orujos asturianos con “originales” nombres (“Hijoputa” y “De puta madre”); 4- Fabada asturiana; 5- Vista del Parque Nacional de los Picos de Europa; 6 y 7- Santillana del Mar (Cantabria).

Breves del fin de semana

OlimPLAFF1- El sábado llevé al hijito de unos amigos a ver la obra infantil OlimPLAFF, al teatro Alfil. Es de la compañía Ylllana, que lleva 17 años embarcada en la difícil tarea de crear, producir y presentar espectáculos teatrales, además de gestionar artistas y el propio Alfil (cuya cartelera, siempre creativa y sabrosamente al margen del circuito comercial, recomiendo). En el caso de OlimPLAFF puedo decir que es una muy buena opción para llevar a los más pequeños al teatro…y divertirse también uno con la experiencia. Nos reimos todos, adultos y niños, con los gags casi mudos (Yllana reivindica el humor hecho a base de histrionismo, onomatopeyas, mucha energía, “al filo del bufón”) de tres atletas que compiten muy a su manera en unas olimpíada también bastante especiales.

2- Ayer domingo acompañé a una amiga y colega a la Plaza de Toros de Las Ventas, que queda a unos metros de mi casa, a hacer un reportaje sobre el nuevo fenómeno que se vive en España de recuperación de la afición taurina. Lo curioso del caso es que la moda ha sido restablecida por las nuevas generaciones de jóvenes de clase media o alta. Son ellos los que han redescubierto “los toros” y han impuesto este “espectáculo”, hasta hace muy poquito denostado por las nuevas generaciones (más que nada por rancio, lo de la crueldad hacia el animal no era el argumento principal de aquel desprecio), como la tendencia más cool y exclusiva del momento. 
Mucho ha tenido que ver con este giro el polémico torero José Tomás, que justamente se presentaba ayer en Las Ventas. José Tomás arrastra desde su regreso a los ruedos hace un año a una multitud de seguidores fieles que no dudan en dormir afuera de las plazas para asegurarse una entrada o que llegan a pagar hasta 3.000 euros por las mejores ubicaciones en la reventa. Ayer lo demostraron: la Monumental estaba atiborrada. Se mezclaban, en una fauna realmente curiosa, los fanáticos de siempre con sus almohadones forrados en tela y con manija (los usan para sentarse sobre las gradas) y los famosos (vi a Joaquín Estefanía, Jorge Sanz y Marta Robles, entre otros) con cientos de veinteañeros y treinteañeros pijos que no dudaron en dar muestra de su nueva pasión ante el micrófono de mi amiga.
Antonio Muñoz Molina describió en El País, y de una manera soberbia, lo que está sucediendo y la frustración y el desconcierto que sienten quienes se/nos oponemos a mantener ciertas cosas, aunque se llamen tradición.

Mi burbuja

Una de las cosas que más me molesta es el contacto físico involuntario con extraños. A mí no me gusta que me toque gente desconocida en la calle o en el autobús, personas con las que ni siquiera he intercambiado previamente una mirada de complicidad o bienvenida. Y aquí en España eso es frecuente. Lo hacen especialmente las señoras mayores, que no dudan en ponerte una mano sobre la cintura, la espalda o los hombros para pedir paso o te rozan alegremente en los pasillos del supermercado y en las tiendas.
Lo que sucede es que la cercanía física ocasional no está mal vista; ni siquiera se repara en ella. Yo, en cambio, la sufro como coscorrones inmerecidos e inesperados. Necesito la protección de mi burbuja. No soporto percibir pieles, olores y alientos extraños.
En Argentina, hay que decirlo, ese espacio individual se respeta mucho más. Pero es que allí la mayoría de las intromisiones obedecen a malas intenciones, por lo que, paradójicamente, el respeto y la consideración del espacio individual obedecen a la inseguridad y la desconfianza hacia los demás. Aquí, alegres y despreocupados, no dejan de rozarse, chocarse y tocarse. Y yo de lanzar miradas furibundas que -ahora lo veo claramente- nadie entiende.

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Firmas en el ascensor

Como no voy a las reuniones de la comunidad ni me quedo remoloneando en la acera, mi interacción con los vecinos sucede casi exclusivamente en el ascensor. Hace unos días conocí allí a una mujer que lleva cuarenta años viviendo en mi edificio, una abuela de sonrisa fácil y exquisita urbanidad que nos abordó con bolígrafo y papel en mano para pedirnos un autógrafo. No, no me volvieron a confundir con Andrea del Boca (* y **): mi vecina estaba colaborando en la recolección de firmas para pedir que se instituya una lista nacional de condenados por pederastia (como se hace en otros países) y que se endurezcan las penas para Mapa de la caravana de recoleccion de firmasesos casos (se solicita la cadena perpetua).
La iniciativa fue lanzada por el padre de la niña Mari Luz Cortés, asesinada por un pederasta que debía estar en la cárcel pero que, en lugar de eso y por una negligencia judicial imperdonable, se paseaba tranquilamente por el mismo barrio de Huelva donde la niña compraba caramelos.
Mi vecina me dijo que había visto en la televisión lo que estaba haciendo este hombre (uno de los “héroes ciudadanos” más notables de los últimos tiempos en España gracias a su temple, lucidez e impecable comportamiento cívico pese al inmenso dolor personal) y que le comentó el tema a sus hijos. Ellos le dijeron que ya lo mirarían en internet, pero como los días iban pasando ella decidió poner manos a la obra: fue a un locutorio, hizo que le imprimieran el petitorio, acomodó las hojas sobre una carpeta y salió a recorrer el edificio, piso por piso y puerta por puerta (o ascensor), pidiendo apoyos. Compromiso. Participación Ciudadana. Ejemplo. Este post podía tener varios titulares.

* En España no la conocen, pero es una de las antiguas reinas de la telenovela argentina, exportada a lo grande a países tan lejanos y disímiles como Israel o Italia.
** Anécdota para los nietos.

 

Actualización 04/06/08

Ayer el Congreso aprobó por unanimidad el proyecto presentado a raíz de esta movilización popular. Se dio el visto bueno a un endurecimiento de las penas y a la creación de un registro de pederastas visible no a toda la población en general sino a los funcionarios de la Justicia y las fuerzas de seguridad del Estado. Yo propondría que se lo bautizara ”Listado Mari Luz”, en recuerdo de quien logró, con su terrible muerte, que la gente y los gobernantes reaccionaran. Me hizo acordar a la historia de la Alerta Ámber, que rige en Estados Unidos para casos de desaparición de menores y que lleva el nombre, justamente, de una niña extraviada y hallada cuando ya fue demasiado tarde. 

Baby Isidro

Imagen de San IsidroQue la cosa está complicada lo sabemos todos, pero el tema se vuelve algo más tentador cuando nos ponen por delante una apetitosa zanahoria con forma de billetes. A las ayudas oficiales por nacimiento que concede el Estado español y las distintas autonomías se suman ahora los 500 euros que ofrece una hermandad de un pueblo malagueño. Pero no se trata de fomentar la perpetuación de la especie ni de subir el flacucho índice de natalidad nacional, no, sino de asegurar la supervivencia de una tradición que amenaza con extinguirse: la de llamar a los niños y a las niñas de Alcaucín con el nombre del santo patrón de los labradores, Isidro (Isidra para ellas). Hay unas cuantas parejas de allí que, tras enterarse de la noticia, pusieron punto final a la endiablada discusión sobre los nombres.

Fuente: Diario Sur.

Castillos en el aire

Con cierta frecuencia recibo correos electrónicos de compatriotas que sueñan con emigrar a España. Es gente que me contacta a través del blog, a la que no conozco personalmente, y que busca consejo para planificar su autoexilio. Generalmente se trata de pedidos encubiertos de trabajo, o al menos de que les eche una mano en este sentido, y siempre, siempre, la historia termina con una persona decepcionada -y muchas veces también enojada- de un lado, el americano. A mí esto me entristece profundamente y como la escritura muchas veces oficia de catarsis, y creo que hacer pública esta situación puede servirle a otros, aquí estoy, aporreando el teclado y saltándome la consigna bloguera de ser breve.
La decisión de emigrar es tremendamente personal y no sigue un patrón único a la hora de establecer motivaciones. La causa más común es el factor económico (otro país ofrece más trabajo y, por ende, un mejor nivel de vida), pero también empujan hacia afuera cuestiones políticas (le sucedió a los argentinos durante la dictadura; le sigue pasando a muchos colombianos, por poner dos ejemplos), de seguridad personal (cuántos argentinos o brasileños nos hartamos de robos y violencia; cuántos colombianos de secuestros y crímenes) y románticas (el amor, por un lado, y el deseo de aventura, por el otro). De nuestras motivaciones dependerá también, más tarde, el balance que saquemos de la experiencia. Si vinimos por unos años para estudiar o para conocer mundo y luego volver, o si estamos aquí trabajando a destajo, sin importarnos compartir vivienda y recortar al máximo caprichos y salidas para enviar dinero cada mes a nuestro país de origen, es más probable que la conclusión sea positiva. Si, en cambio, llegamos creyendo que íbamos a poder hacer valer inmediatamente nuestro curriculum profesional y aptitudes para ocupar una posición similar -o incluso mejor- que en nuestra nación de origen, o si pensamos que nuestras ideas de negocios serían recibidas como el agua en el desierto, es muy posible que la evaluación arroje resultados negativos.

La situación de España

La globalización ha cambiado nuestra visión del mundo de un planeta compartimentado y aislado hacia un inmenso terreno abierto que podemos (y tenemos derecho a) conquistar con la fuerza de nuestro empeño y la perseverancia que da tener los objetivos claros. Esto ha hecho que hoy ningún país se mantenga ajeno al fenómeno migratorio, bien como expulsor o bien como receptor, según hacia qué lado se incline la balanza (siempre móvil y caprichosa) de la riqueza.
España está desde hace unos años en el extremo amable y por tanto es anfitrión de millones de huéspedes atraídos por la cercanía geográfica e histórica (marroquíes, más recientemente ciudadanos de Europa del Este) y por un sentimiento de unidad linguística y cultural (latinoamericanos). La economía española necesitaba de esta inyección de sangre nueva, trabajadora y vigorosa, para seguir alimentando la caldera de su crecimiento. Lo ha demostrado abriendo sus puertas con acuerdos bilaterales de empleo y regularizaciones masivas de inmigrantes.

No más psicólogos ni dentistas

Pero este escenario, ideal para muchos, no es el que esperan -el que sueñan o imaginan a miles de kilómetros- la mayoría de los argentinos que anhelan con emigrar a la “Madre Patria”. Aquí comienza la realidad que me hace aparecer hostil (lo entiendo, a nadie le gusta que le derriben los castillos que ha construido en el aire como asidero para la esperanza): España tiene ya demasiados profesionales. Lo que requiere, casi con la única excepción de médicos, son personas dispuestas a trabajar en el servicio doméstico, en el cuidado a niños y mayores, en la hostelería y restauración, en la construcción (ahora no, que está en plena crisis, pero lo fue hasta hace muy poco y lo volverá a ser en un par de años) y en la agricultura. No digo que sea imposible para los demás, pero sí que es muy difícil y que es vital venirse con algo concreto desde allá que traiga aparejados “los papeles” (o se cuente, como en mi caso y el de muchos, con doble nacionalidad y una de las dos sea europea).
Para los colegas periodistas les cuento que el panorama es aún peor: la profesión está de moda también aquí. Esto provoca que cada año miles de jóvenes salgan con el título bajo el brazo dispuestos a trabajar por poco o nada con tal de tener su oportunidad. Así, los sueldos son muy bajos y las redacciones están llenas de pasantes (aquí se los llama becarios). Para colmo de males, en España funciona casi tanto como allá el acomodo (aquí conocido como enchufe).
Hace un tiempo una chica me decía que pensaba apuntar a un puesto en la administración pública por su experiencia y perfil. Pues bien: aunque siempre hay un pequeño porcentaje de contratos (reservados, como suele suceder en todo el globo, a amigos, colaboradores cercanos y acomodados/enchufados), a la gran mayoría de los cargos públicos (sí, a todos: secretaria de un ministerio, administrativa en una oficina gubernamental, bibliotecario, bombero, agente forestal, maestra escolar, profesor, juez, cardiólogo, celador, etc.) se accede a través de oposiciones, que son concursos públicos de alta exigencia a los que se presentan miles de candidatos por plaza. Y a las oposiciones sólo pueden acceder quienes poseen la nacionalidad española.

Los papeles

Justamente el primer punto a considerar, el más básico e importante, es el de “los papeles”. Es prácticamente imposible hoy en día encontrar trabajo en España sin tener permiso de trabajo y residencia. Por supuesto que hablo de un empleo en condiciones dignas y que esto sucede más en las grandes ciudades que en los pueblos y más en los puestos jerarquizados que en los ubicados en el último peldaño del escalafón profesional. Pero permanecer aquí más allá de los tres meses que dura la visa de turista supone sumergirse en una dimensión paralela en la que resulta casi imposible desde abrirse una cuenta en un banco y adquirir un móvil (celular), hasta conseguir vivienda y trabajo.
Los permisos se tramitan en el país de origen con una oferta concreta de trabajo en España, a través del Consulado. Cualquier otra posibilidad hay que consultarla también allí antes de venirse. Una vez aquí puede que nos encontremos con que debemos regresar para volver a empezar o que ni siquiera nos dejan entrar, ya que en los últimos meses se han extremado -a mi juicio, exagerada e injustamente- los controles migratorios en los aeropuertos.

Un rayo de esperanza

A todas estas cuestiones prácticas se les suman muchas afectivas: es duro estar lejos de la familia y amigos, rehacer toda la red social y laboral, pagar nuevamente para los que ya teníamos un cierto camino andado el universal “derecho de piso” de los recién llegados, enfrentarse a nuevas costumbres y ser “el diferente”. Todo parece negativo, ¿verdad? No lo es, sólo se trata de la cruda realidad -sin máscaras y dejando a un lado los milagrosos, pero muy escasos, golpes de suerte- que deben conocer quienes se enfrentan a una decisión tan fundamental y compleja. Es mejor venir sabiendo lo que hay, porque así se evita cargar con una pesada maleta hecha de fantasías, prejuicios y mentiras que sólo nos hará las veces de lastre y nos llevará años poder soltar para integrarnos y ser felices. Luego, una vez instalados aquí con las cosas bien hechas y dándole tiempo al tiempo, empiezan a salir las flores. Hay muchas variedades, a cual más fragante y colorida: tranquilidad, bienestar general, seguridad, salud y educación públicas de buen nivel, transportes públicos eficientes, menos corrupción, más igualdad, mejor calidad de vida. Para mí son claves, para otros no compensan la lejanía y el peso de la nostalgia.

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Conciliación: bla, bla, bla

Uno de los temas que más se discute últimamente en España -y ni que hablar durante esta campaña electoral- es el de la conciliación entre la vida laboral y la familiar. Por ahora no ha pasado de una declaración de intenciones, en el mejor de los casos, o de una hipocresía necesaria para quedar bien en el resto. Y es que decir que es fundamental instrumentar medidas para que tanto la mujer como el hombre trabajador puedan dedicar parte de su tiempo a su familia y tengan ayudas para gestionarla le viene bien tanto a uno como a otro bando y tal vez sea uno de los pocos asuntos del temario en los que hay coincidencia, aunque con motivos bien diferentes: preocuparse de la conciliación les da a unos un definitivo barniz de humanismo muy progre y a otros les sirve como el mejor estandarte de sus ideas católico-conservadoras.Susanita
Pero más allá de la retórica política está la vida real. La que vivimos cada día millones de profesionales de clase media que sabemos a ciencia cierta que hoy en día es imposible dedicarse a ambas cosas, formar una familia y tener un crecimiento profesional, con igual éxito. Seguimos teniendo que elegir, especialmente las mujeres por cuestiones biológicas (solo nosotras podemos por ahora parir y amamantar).
La gran mayoría de mis amigas con hijos ha tenido que reformular su plan profesional, eligiendo trabajos de menor carga horaria (y sueldo) o  que exigen menos responsabilidad y dedicación. Algunas han renunciado a ascensos y otras (y no hablo de “susanitas” que toda su vida desearon transformase en amas de casa exclusivamente, sino de chicas que simplemente querían tener un hijo) han dejado de trabajar, al menos -esperan- por unos años.
En España las guarderías públicas no alcanzan para todos los niños y calificar para conseguir una plaza equivale prácticamente a ser pobre; las privadas cuesta la mitad de un salario promedio y las niñeras tres cuartas partes. Obviamente, si hay familia cercana a la que recurrir se usa y abusa. Por otra parte, casi no hay oferta de empleos a media jornada o con jornada intensiva; se trabajan muchas horas y todavía en muchos sitios a horario partido, con lo cual quedan en medio un par de horas que no alcanzan para volver a casa y en cambio alargan aún más la ausencia del hogar (y las horas de guardería/niñera).
Es cierto que en los últimos años se han dado algunas ayudas económicas a las familias. En el caso de los cien euros por mes que cobra la madre trabajadora se plantea el caso de que es solo hasta que el niño o niña cumple tres años y de que si la mujer se queda en el paro (desempleada) no lo puede percibir, como tampoco transferir al padre de la criatura. Los 2.500 euros que otorga desde hace unos meses el Estado por nacimiento también ayudan, cómo no, pero yo sinceramente lo cambiaría por la garantía de una plaza en una guardería. Plaza que -y esto me parece el colmo- no se concede en el caso de que la mujer esté sin trabajo, ya que se asume que si no tiene empleo debe dedicarse a cuidar a sus hijos (en el caso del hombre que está en el paro no existe esta suposición). ¿Cómo encuentra entonces el tiempo para buscar trabajo? ¿Con quién deja a sus hijos cuando debe ir a una entrevista o prueba? ¿Y qué pasa con quien trabaja en casa, por ejemplo una escultora o escritora o artesana, pero aún no ha podido establecerse como autónoma? Muchas preguntas sin respuestas concretas, sólo caras de preocupación de los candidatos y promesas vanas. Ya sé, al menos se habla y acá estamos mejor que en otros países, pero aún así seguimos lejos de muchos de la región de similar nivel socioeconómico. Y por eso más del 60 por ciento de las españolas considera que la maternidad es un obstáculo para su carrera profesional y un 16 por ciento abandona para siempre su empleo después de tener hijos.

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Pueblos abandonados

pueblosabandonadosHace sólo un siglo, la mayor parte de la población mundial vivía en áreas rurales y sólo un diez por ciento residía en las ciudades. Pronto la tendencia comenzó a revertirse, lenta pero inexorablemente, y para este año se anuncia que por primera vez en la historia se revertirá: seremos más los urbanitas que los habitantes del ámbito rural.
Esta situación es visible desde hace ya unos años en los cientos de pueblos despoblados que hay diseminados por toda la geografía española, que van extinguiéndose junto con sus últimos y ancianos moradores poblando el paisaje de fantasmas de piedra y madera.
Ahí están hoy, deshabitados y silenciosos, con su infaltable iglesia y sus enmohecidos muros, recordando viejas épocas de labranza, algarabía, correteos infantiles y faenas domésticas. La mayoría de ellos están condenados a la erosión del tiempo y el viento, otros se venden como propiedad privada y algunos protagonizan el rescate por parte de heroicos soñadores que huyen del cemento en busca de una vida más apacible.
De la recopilación de todas estas historias se ocupa el blog Pueblos abandonados, en un esfuerzo por contribuir a los proyectos de repoblación y, si no hay forma de oponerse a lo inevitable, al menos dejar vestigio escrito de lo que pronto serán sólo recuerdos.

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Tolelo

Los japoneses que son fanáticos de algo alcanzan un grado de fanatismo pocas veces visto y son aficionados a escoger piezas de la más honda tradición local (entendiendo por local cualquier lugar del mundo fuera de Japón, cuanto más lejano y distinto mejor) para convertirlas en objeto de su deseo, empeño y entusiasmo. Así, no es extraño verlos aprendiendo tangoEl toro de Osburne en las academias de Buenos Aires o agitando brazos y piernas al ritmo de una sevillana en Andalucía.
Pero algunos llegan más lejos y se plantean desafíos tan difíciles de acometer con éxito como dar la vuelta al mundo en monopatín o introducir a Tom Cruise en el estudio de la cábala. Es el caso de Taira Nono (Tokio, 1973), radicado en España desde hace una década con el único objetivo de convertirse en torero.
Nono debutó como matador en 1999 y poco después se radicó en Huelva, donde asiste a la escuela taurina y espera que algún apoderado (señores que abren las puertas del paraíso torero) se fije en él y le dé su apoyo para hacerse un lugar en el altar de estos adoradísimos ídolos españoles.
Allí acaba de casarse con una compatriota, ambos en kimono pero con festejo en la plaza de toros de La Merced.
Aunque aparentemente no es el primer torero japonés, Nono sí es el único que está en activo y tal vez el que más esfuerzos ha hecho para ganarse esa etiqueta que para muchos es un título de honor y para otros, entre los que me incluyo, es un resabio de cierto pasado de tradiciones que ya no tiene sentido mantener ni honrar*.

* Y aclaro que la misma opinión me merecen las riñas de gallos, perros o caballos.

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Las cuentas, claras


La ciudad: Jaén.
La noche: sábado lluvioso de diciembre, 2006.
La ocasión: ronda de tapas y vinos por las tascas de la ciudad.
El menú: migas, habas crudas, bacalao, aceitunas de cornezuelo, patatas fritas, lomo en manteca y berenjenas fritas con miel.
Las cuentas: las “de toda la vida”, con tiza, sobre la barra de madera.