La casa de nuestra infancia

corrientes_2009_apipe_casa

Me llevó años volver. Cuando yo fui elegí la inviolable siesta correntina para garantizarme la soledad del paisaje y el tiempo sin cortes para el viaje al pasado.

A ella también le llevó años volver. Pero no se conformaba con mirar y recordar. Quería entrar, oler, tocar, pisar, sentir y preguntar. En la calle, frente a la casa, se encontró con la nueva dueña que siempre será, a nuestros ojos, una usurpadora inescrupulosa, ciega y sorda a los ecos de nuestras risas en las paredes blancas y las baldosas frescas.

Hola, yo vivía acá de chiquita…- Dijo ella con una sonrisa cómplice y un gesto hacia la cámara de fotos que disparaba frenéticamente hacia la fachada cambiada.
Ah, bueno. – Le respondió la otra y entró a la casa en un santiamén.

Ella todavía está pensando que debería haberla retenido, explicado, que no entendió nada.

Escrito en Fotos. Etiquetas: , , . 3 Comentarios »

Dominó, el musical

A los que andan estos días por Buenos Aires no quiero dejar de recomendarles que vayan a ver el domingo la última función de Dominó en Cabaret. Es la adaptación de Dominó, el musical, de Aníbal Pachano, ex integrante de los Botton Tap. La obra estuvo todo el año pasado en cartel en el teatro El Globo, hizo temporada de verano en Punta del Este, este año visitó algunas ciudades argentinas y ahora se despide, de nuevo en la capital y en versión “cabaretera”, en el Velma Café.

La recomiendo firmemente por dos motivos: el primero porque es buenísima. Lo dicen todos los que fueron a verla y lo prueba la amplia repercusión que tuvo, además de que fue declarado “espectáculo de interés cultural y artístico” por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Y segundo porque una de las actrices-cantantes-bailarinas protagonistas es mi hermana:

Actualización

Como dice la artista de la familia en un comentario, los lectores de Carpe Diem que la contacten tendrán 2×1 en las entradas.

Escrito en Teatro. Etiquetas: , . 2 Comentarios »

Regalos imaginativos

foto diario 20 MinutosMadrid palpita a ritmo navideño. Las calles refulgen gracias a magníficos juegos de luces, las tiendas están repletas de clientes, suenan villancicos en todos lados, los restaurantes no dan abasto con las comidas y las cenas de empresas, el gobierno se pone nervioso ante las subidas de precio, las familias y parejas histéricas negocian encuentros y desencuentros. Aunque las actividades oficiales relativas a las fiestas comienzan recién este fin de semana, en la capital española -como en la mayor parte del mundo- hace días que sólo se piensa en preparativos, brindis, vacaciones y regalos. Todos estamos ansiosos por sumarnos a esta bacanal colectiva de despedida de año que hace tiempo perdió su significado religioso.
Lo que también ha variado es la forma de hacer regalos. Tradicionalmente, en España* el presente más importante lo traían los Reyes Magos, mucho más asociados a la cultura local y al catolicismo que el foráneo Papá Noel. Pero han pasado los años y don Claus ya pagó su derecho de piso de inmigrante. Ahora es uno más de la famlia y como tal es esperado y recibido casi con idéntico alborozo que a los tres jinetes de camello (aunque el regalo más “importante” sigue siendo prerrogativa de los monarcas).
¿Acaso hay mejor manera de “entrar” a una casa que cargando regalos? Mal que nos pese, el consumismo tuvo un gran papel en este cambio. Resulta difícil resistirse a su zalamería y esto ha hecho que todos, en mayor o en menor medida y especialmente en estas fechas, hayamos caido rendidos a sus pies. Compramos, gastamos, comemos y bebemos mucho más de lo que deberíamos por salud, decoro y presupuesto.
Lo que hagamos con nuestro cuerpo no hay dieta de enero que no lo cure, pero en el tema de los regalos creo que debemos adoptar una actitud más responsable y práctica. En las empresas, desterrar ya de una vez por todas las tarjetas en papel (poco ecológicas y aún menos apreciadas) y preferir regalos útiles para los clientes en lugar de adornos de escritorio junta-polvo. En la familia, dar presentes que tengan el valor añadido de haber sido pensado y buscados con esmero y que respondan, por tanto, a los gustos y expectativas de quien los recibirá. ¡Y ser imaginativos! Los servicios y las actividades de ocio son una muy buena opción cuando la persona a quien se quiere gratificar lo tiene todo: un día de spa, un bono de masajes, un paseo en helicóptero o en globo, un curso de cocina o de cata de vinos, una escapada de fin de semana o una selección personalizada de música (se puede entregar en un MP3, en un Ipod, en una memoria USB o en un CD, y hacer algo similar con películas o juegos de ordenador), entre otras alternativas. Para los pequeños, los juguetes no tienen contra, pero no es mala idea regalarles también una chequera de “horas de juego con mamá o papá” o algún paquete turístico-lúdico de fin de semana para hacer en familia (“vale por un almuerzo en …. + visita al zoológico” o “vale por una tarde de cine + cena de pizza casera hecha entre todos”) y hacerlos participar de una obra benéfica navideña (puede ser un buen momento para revisar juguetes y ropa y llevar lo que ya no usan a alguna institución).
Y para todos libros, siempre libros.

* En Argentina es justo al revés: los regalos más importantes los trae Papá Noel, se dejan debajo del árbol y se abren a la medianoche. Los Reyes Magos dejan en los zapatos, el 6 de enero por la mañana, algún presente de menor valor.

La flecha del tiempo

¿Cuánto puede cambiar una persona en treinta años? ¿Y una familia entera? ¿Los cambios son progresivos o abruptos? ¿Todos cambian a la misma velocidad? Estas y otras dudas quedan resueltas con el trabajo del fotógrafo argentino Diego Goldberg, quien tomó una instantánea anual, cada 17 de junio, de cada uno de los integrantes de su familia, a lo largo de tres décadas.
La transformación provocada por la vejez en los adultos y por el crecimiento en los pequeños, el deterioro físico, los rasgos de carácter, los parecidos y las diferencias, las sucesivas modas e incluso las emociones y los temperamentos: de todo esto hablan las instantáneas reunidas bajo el título “La flecha del tiempo”.

El largo recorrido de esta saeta irreversible puede verse aquí.

Historias de familias

Cada tanto, una palabra o una historia absolutamente desconocida para mí hasta ese momento irrumpe en mi vida, me asalta y se instala, rotunda y acaparadora. Logra cautivarme no por su descubrimiento ni por la sorpresa, sino porque aparece varias veces en un breve lapso de tiempo, reiterándose en una singular cadena de coincidencias o casualidades hasta lograr despertar mi curiosidad.
¿No les ha pasado? De repente alguien pone un disco de Carl Orff y esa misma tarde lees un reportaje sobre los textos de Carmina Burana en una revista y, al otro día, escuchas en televisión a un escritor hablando de los antiguos poemas.
Por estos días también los temas que me ocupan o alcanzan parecen agruparse por colores, en una selección aleatoria pero que, por su precisión, podría ser intencionada. El favorito es, a todas luces, el de la familia. Familias nuevas, familias disfuncionales, familias rotas, familias unidas, familias lejanas. Y familias enfermas, como la de Hildegart. O extrañas y espeluznantes, como la de Sophie, hija y nieta del ciclista francés Jacques Anquetil y parte de un clan incestuoso. Ella misma lo cuenta todo.
También me he topado con una interesante reflexión sobre la paternidad del cineasta Daniel Burman, a propósito de su nueva película, “Derecho de familia”. Dice el director argentino en la revista “La Gran Ilusión”:

La paternidad siempre me pareció un tema fascinante, desde mucho tiempo antes de ser padre. Siempre presentí, y después lo comprobé, que la paternidad es una construcción absolutamente ficcional. Tu hijo nace, y casi sin ver a la madre, se trepa a su cuerpo y sabe cómo alimentarse. Todo lo que lo rodea es periférico y no tiene lenguaje. Y uno, como padre, lo tiene que construir, porque por sí solo, el niño puede estar trepado a la madre unos cuantos años. Uno, como padre, es tan importante como el portero o el enfermero de la clínica. Soy el padre, pero ¿qué significa ser el padre”.