Los últimos días del castaño de Anna Frank

Ya se conoce la fecha: 21 de noviembre. Tras meses de aplazamientos motivados por apelaciones y solicitudes de nuevos estudios, se confirmó hoy que el árbol que Anna Frank veía desde su escondite en Amsterdam durante el Holocausto judío será talado dentro de una semana.
La justicia holandesa determinó, en base al dictamen de los peritos, que no hay manera de salvarlo. El otrora robusto ejemplar está invadido por un hongo y una polilla que lo han debilitado a tal extremo que corre serio peligro de caerse.
El permiso de tala fue presentado por quien es en la actualidad propietario del edificio ubicado en la calle Keizersgracht número 188, en cuyo jardín se encuentra el castaño centenario al que da la ventana del desván donde se ocultaron los Frank.
La fundación que gestiona el legado de la niña convertida en símbolo de la lucha por la libertad y contra la xenofobia ha informado que se plantará en el mismo sitio un injerto, a la espera de que crezca tan bien como lo hace el árbol virtual que riega la comunidad internauta desde que se difundió el estado del que miraba Anna.

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El diario de Rutka Laskier

El diario de Rutka Laskier

Rutka Laskier“Tengo la sensación de que escribo por última vez. Hay una redada en la ciudad. No se me permite salir y me estoy volviendo loca, prisionera en mi propia casa (…) Después de unos días hay algo en el aire (?). Sin aliento, la ciudad espera lo que va a ocurrir, y esta espera es peor que cualquier cosa. Me gustaría que todo esto ya hubiera terminado. Este tormento es el infierno”.
Lo escribió en su diario la adolescente judía Rutka Laskier en abril de 1943, pocos días antes de ser enviada al gueto de su pueblo, en Polonia, y de allí al campo de concentración de Auschwitz.
Ella no sobrevivió, pero su diario sí lo hizo, escondido durante sesenta años por su entonces amiga Stanislawa Sapinska, quien acaba de entregar las hojas amarilleadas por el tiempo al centro para la memoria Yad Vashem de Jerusalén.
Al conocer esta historia es inevitable recordar a Anna Frank.

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Los 2.500 niños de Jolanta

Jolanta era el nombre clave de Irena Sendler durante la Segunda Guerra Mundial. Así la llamaban los 2.500 niños judíos a los que sacó del gueto de Varsovia mediante las más inverosímiles triquiñuelas y logró colar del lado ario, donde los reubicó en familias cristinas bajo una nueva identidad.
Irena Sendler fue condecorada ayer, a sus 97 años, por el Parlamento de Polonia. En el merecido homenaje el presidente de ese país, Lech Kacyzinski, la calificó de “gran heroína” y aseguró que merece el Nobel de la Paz.
La admirable historia de Jolanta -quien llegó a ser detenida y torturada pero jamás reveló la identidad ni la ubicación de los pequeños rescatados- puede leerse contada al detalle en la web de la Fundación Raoul Wallenberg y en la página del Proyecto Irena Sendler, que desarrolla un grupo de estudiantes estadounidenses para difundir su gesta.
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Actualización 12/05/08
Irena Sendler murió a los 98 años.

A tus pies, Némirovsky

Un día como hoy, pero de 1942, una mujer escribía a contrarreloj. Lo hacía cada día, sentada en el pinar, sin descanso de la mañana al atardecer y con letra pequeñísima para ahorrar papel, que escaseaba por aquellos tiempos en Francia. Sabía que la obra monumental que planeaba, la que dejaría su testimonio póstumo del desastre que vivía ese país y media Europa, probablemente quedaría incompleta. Así sucedió. Irene Némirovsky fue arrestada el 13 de julio por los gendarmes y unos días después deportada a Auschwitz, donde murió el 17 de agosto. Su marido siguió el mismo camino poco después.
Pese a todas las previsiones que Némirovsky había tomado, anticipándose con lucidez, valor y entereza a su ausencia temprana, sus dos hijas vivieron a partir de ese momento una tremenda odisea para lograr escapar y sobrevivir a la persecución nazi. Durante su larga huida las niñas siempre conservaron -incluso cuando parecía que mantener la propia integridad física era demasiado pedir- una maleta con los manuscritos de su madre.
“Para levantar un peso tan enorme, Sísifo, se necesitaría tu coraje. No me faltan ánimos para la tarea, mas el objetivo es largo y el tiempo, corto”. Con estas palabras comienzan las notas que Némirovsky hizo cuando ya intuía que no lograría escapar a su fatal destino y que sus hijas consiguieron finalmente publicar bajo el título “Suite francesa”: dos de las cinco partes que en total tenía previsto escribir.
La novela es soberbia. Al margen de su origen ruso y acomodado, Némirovsky revela un conocimiento de la sociedad francesa y un grado de penetración psicológica en sus gentes admirables y sorprendentes. Su serenidad en el tono y su falta de sentimentalismos, golpes bajos y autorreferencias no hacen sino aumentar la fuerza cautivante de esta historia de aquellos días de guerra, ocupación, grandezas y profundas miserias.
“Suite francesa” es un libro que se devora con fruición y que deja un recuerdo imborrable de lo que sucedió entonces. Su gran calidad literaria no necesita echar mano de nada más, pero aún tiene el valor agregado de su ardua gestación y del triste destino de su autora, una mujer que supo relegar su sufrimiento personal para hacer su aporte a la memoria y demostrar con él tener, pese a todo, esperanza y confianza en el género humano.

El árbol de Anna Frank

El castaño que alegró los días de Anna Frank durante su cautiverio en Ámsterdam está agonizando. Los expertos dicen que no hay ninguna posibilidad de salvarlo, tras una década intentando mantenerlo con vida.
El árbol está situado en el jardín de una casa que la adolescente podía ver desde la ventana del desván donde se escondía, junto a su familia, de la amenaza nazi.
En su diario, Anna hablaba de los cambios que iba sufriendo el árbol con el paso de las estaciones y decía que ambos, el castaño y ella, miraban el cielo azul resplandeciente sobre una ciudad que se había convertido en una pesadilla.
En agosto de 1944 los Frank fueron descubiertos y enviados a campos de concentración, donde la joven murió de tifus en marzo de 1945.
El castaño la sobrevivió hasta ahora cuando, a sus más de 150 años, está podrido y a punto de morir también él.
Las autoridades se plantean reemplazarlo por uno nuevo, pues el árbol se ha convertido en un símbolo de la lucha por la libertad y los ideales. A su imagen se ha creado un castaño virtual en el que se puede pegar una hoja-pensamiento. Está en www.annefranktree.com