Reencuentros

Este segundo semestre del año viene signado por los reencuentros. Digitales. Mi “mejor amiga” de la infancia se materializó repentinamente en varios mensajes de correo electrónico cargados de recuerdos, recuentos, fotos y preguntas. Llevábamos más de veinte años sin vernos. Era mi vecina y compañera de juegos y secretos hasta que su familia decidió mudarse a Estados Unidos. Nos escribimos durante mucho tiempo, intercambiamos algunas encomiendas con discos, tarjetas y regalos y un día cualquiera que venía gestándose en silencio como un tumor oculto nos evaporamos cada una en su presente inmediato. Ahora, cuando la época de la juventud sin memoria se nos está acabando a las dos, volvemos a reunirnos, ella con un hijo, yo en otro país, las dos asombradas de sentirnos iguales y sabernos tanto más diferentes.

Pocos días después de retomar el contacto con mi primera amiga volvieron a mi vida muchas más, casi la mitad de mis compañeras de colegio secundario. Parece que Facebook está en pleno auge en Buenos Aires. Después de muchos años sin saber nada de ellas ahora sé más que si viviéramos en la misma ciudad. Quizás incluso más que cuando éramos compañeras, porque además de lo que quieren contarme veo su fotos, leo lo que les dicen sus amigos y sé lo que hacen casi a cada momento.

Éste es uno de los motivos por los cuales no acepto como contactos a extraños en Facebook (para conocer a gente nueva prefiero lugares como Twitter). Estoy muy metida en gran parte de lo que se cuece en el mundo digital, redes sociales, blogs, microblogging, etc., y me encanta probar todo lo nuevo, pero intento mantener cierto criterio y estar alerta ante determinadas cuestiones. Seleccionar y definir usos y funcionalidades (algún día haré un listado de mi “organización online”) es esencial para no sentirse desbordado ante una oferta insondable como un agujero negro, la única manera de no perder el control y vivir atado a ellas o multiplicado en varias identidades incompletas y desatendidas, o directamente congeladas en el ciberespacio.

O inmanejables. Facebook tiene una característica que, a mi juicio, la hace muy peligrosa en el manejo de las imágenes y que me ha llevado a mí a ser muy precavida a la hora de subir fotos fuera de las de mi perfil: el etiquetado (tag). Si una persona te etiqueta en una foto (señala que apareces en ella) esa imagen se hace visible también para todos tus amigos, y según lo que ponga cada uno de ellos pueden verlo también otras personas y así sucesivamente.  La cadena puede ser interminable y desconocida y la dichosa foto puede terminar en los ordenadores más insospechados.

Aquella amiga, la de la infancia, sigue aferrada (y ni siquiera con demasiada fuerza ni convencimiento) al correo electrónico como toda vía de contacto fuera del teléfono. Lo confieso: ya me resulta poco, limitado, sin la frescura que tienen otras formas de diálogo.

“No eres nadie si no estás en Twitter”

Me encantó esta balada satírica sobre el must de nuestros tiempos digitales: estar en todos lados, ser en tanto que estar. En su canción el músico Ben Walker dice cosas como “ahora tienes que publicar cada movimiento que das y cada pensamiento que viene a tu mente” y habla de blogs, Facebook, Flickr, geeks, gente que sólo busca promocionarse sin que se note, redes sociales, amigos virtuales y el gran hit de la temporada, Twitter. Hay para todos.

Conversor de divisas de Google

Por lo visto funciona desde hace ya un tiempo, pero yo no lo había descubierto hasta ahora y fue una grata sorpresa. Se trata del conversor de divisas de Google, que permite encontrar la equivalencia entre monedas de forma muy rápida y fácil, sin tener que navegar más allá del buscador.
¿Cómo funciona? Según el tutorial de Google hay que poner en la barra de búsqueda la cantidad de dinero a convertir + el código de la divisa actual + la palabra “IN” + el código de la divisa en la que se quieren obtener los resultados (por ejemplo: 200 USD in EUR, ó 350 ARS in USD). Suena un poco complicado, porque, si no lo sabemos (altas probabilidades de que así sea, lo siento compañero de esta chispa de ignorancia), hay que buscar ese código de cada moneda en una lista.
Así que la cosa fue rápidamente facilitada para nuestra alegría: basta también con poner qué se quiere convertir, algo así como “200 dólares en euros” o “350 pesos argentinos en dólares”. Y voilá.
Hoy yo lo descubrí siendo aún más básica (pinchar en la imagen para verla más grande):

Blogbook Argentina

El mundo editorial está empezando a nutrirse de internet y, especialmente, de la blogosfera. Así, hay ya varios blogs que se convirtieron en libro (Bestiaria, varios del fabuloso Hernán Casciari y el de la Petite Anglaise, por citar sólo tres nuevos ejemplos), varios libros que analizan el mundo virtual, estudian sus reglas o intentan catalogarlo y también, entre las iniciativas más originales, un libro sobre la web y sus aplicaciones que se escribe entre todos y con temario variado de acuerdo al perfil e intereses de cada uno de sus autores.
Este libro colaborativo se llama Blogbook y fue publicado (en papel y en versión digital) el año pasado en España. En aquella ocasión colaboré en el capítulo sobre Twitter, fomentando la participación de otros twitteros y aportando la mía propia. Ahora, que se prepara su versión argentina, también volveré a participar. Aún no sé qué voy a escribir, aunque me gustaría enfocar mi artículo en cómo el uso real que se le da a internet debe determinar nuestro comportamiento (nuestras elecciones) ante la sobreoferta excepcional que tenemos a nuestra disposición y teniendo en cuenta el escaso tiempo con el que contamos para abarcarla.
El proyecto lo lidera nuevamente Dioni Nespral, un e-mprendedor como pocos, aunque hay mucha gente que se ha sumado a la organización, también colaborativa, de Blogbook Argentina. ¿Qué otro país vendrá después?

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Precisión de los verbos

Para confirmar una vez más mi teoría de los temas recurrentes, ayer a la tarde conocí a una mujer que trabaja en la biblioteca a la que me referí en el post anterior. Asombradas por la casualidad, pues estábamos en otro lugar muy distinto pero ambas habíamos pasado el día en el mismo sitio sin vernos, nos pusimos a charlar un rato. Me contó cosas muy interesantes que suceden en las tripas de este laberinto de libros y una anécdota muy graciosa que muestra lo que supuso para las personas mayores la irrupción de la tecnología en los espacios públicos y hasta dónde hay que afinar el lenguaje cuando se trata de comunicar:

Sucedió hace unos cuantos años, cuando se informatizó todo el catálogo de la biblioteca. Un día se presentó una señora que nunca antes había usado un ordenador. Un bibliotecario la sentó ante uno y comenzó a explicarle paso a paso cómo hacerlo y cómo funcionaba el sistema. En un momento se distrajo y cuando volvió la cabeza vio que la mujer estaba intentando escribir con un bolígrafo sobre la pantalla. Ella argumentó que había visto una casilla que decía: “Escriba el nombre de la obra” y eso es lo que estaba haciendo, literalmente. A partir de ese momento se cambió el verbo por “teclee”.

A ver si nos ganamos el iPod

.Alianzo nos invita a un concurso para ganarnos un iPod, o mejor dicho dos: uno para el lector más veloz y otro para el autor del blog -que en este caso espero sea “la autora”- que atesora a tan avispado visitante. La iniciativa forma parte de la campaña de lanzamiento de su nuevo producto Metroo y consiste básicamente en estar muy atentos al widget o botón ubicado arriba en el menú de la derecha. Por ahora aparece una imagen promocional, pero en algún momento podremos ver allí el hasta ahora desconocido logo de Metroo y cuando eso suceda hay que clickear como posesos. El primero que “pinche” se llevará el iPod* y le regalará otro reproductor de la manzanita al responsable del blog desde el cual llegó.
Cruzo los dedos, prendo tres velas negras y doy vuelta al santo para que alguno de ustedes sea rápido como Speedy González.
.

 * La gente de Alianzo no ha informado cuál modelo, pero por la foto en su web parece que es el Classic.

Actualización 12/06/08

Hoy se ha anunciado que los iPod se los llevan un lector y el autor de entrama2, un blog con un día de vida,  sólo tres entradas y ningún comentario….mmm…qué mal huele esto.
En fin, dejando de lado las suspicacias y probablemente habiendo aprendido otra lección, les cuento que Metroo es una nueva guía de tiendas, negocios y restaurantes en toda España que yo, visto lo visto, no pienso utilizar.

Manual para el navegante responsable

Ya lo leí y puedo recomendarlo, lo cual es mucho decir cuando se trata de los nuevos libros sobre la web 2.0. Hablo del Manual de urbanidad y buenas maneras en la Red, de José Antonio Millán, cuyo lanzamiento ya anuncié por aquí a finales de febrero*. La obra no sólo resiste una lectura atenta, sino que además se hace disfrutable, pues tiene buen ritmo, se basa en el sentido común y la practicidad y está escrita con un estilo que yo llamaría bloguero, si me lo permite su autor y el idioma, pues es sencillo, preciso y breve, como debería ser un buen post, y echa mano de ejemplos concretos que la mayoría vivimos a diario.
Millán no le habla a los geeks ni a los expertos, más bien se dirige a los usuarios medios y de entre todos ellos a aquellos que quieren hacer las cosas bien, con respeto hacia el resto de los internautas y responsabilidad en el manejo de la información y las relaciones sociales. “No actúe con los otros como no querría que actuaran con usted”, escribe el editor y lingüista. A lo largo del libro explica cómo ser consecuentes con esa máxima ante el correo basura, en los blogs, en los chats, navegando entre webs, como comentaristas, en el uso del correo electrónico, etc. Se trata, en definitiva, de ser mejores y saber cómo lograrlo. También en el universo digital.

Epílogo

Uno de los temas que plantea Millán hacia el final del libro es la necesidad cada vez más real de disponer de nuestra herencia digital en caso de fallecimiento. Qué hacer con nuestro blog o web, los archivos (fotos, textos, videos) de nuestro ordenador, nuestra correspondencia vía email…Curioso pero sí, cercano.

*Al verlo, la editorial, Melusina, tuvo la gentileza de enviarme el libro.

Links:
Editorial Melusina
Fragmento de la introducción del libro

Multiplícate y serás…un alienado digital

The Economist

Me encantó esta ilustración que hizo David Simonds para The Economist. Y también el título del artículo, que no podía ser más acertado y contundente: “Everywhere and nowhere”, algo así como “en todas partes y en ningún lado”. En él se analiza la funcionalidad de las redes sociales, que se multiplican como mosquitos en un pantano, y se da por tierra con la ya anticuada idea de negocio que buscaba rentabilizarlas, es decir sacar dinero de su funcionamiento (porque de su venta algunos siguen cobrando). También apunta hacia el futuro de estas plataformas de socialización, que debería ser obvio pero aún no lo es: la apertura hacia todos los usuarios de la web.

The problem with today’s social networks is that they are often closed to the outside web. The big networks have decided to be “open” toward independent programmers, to encourage them to write fun new software for them. But they are reluctant to become equally open towards their users, because the networks’ lofty valuations depend on maximising their page views—so they maintain a tight grip on their users’ information, to ensure that they keep coming back. As a result, avid internet users often maintain separate accounts on several social networks, instant-messaging services, photo-sharing and blogging sites, and usually cannot even send simple messages from one to the other. They must invite the same friends to each service separately. It is a drag.

Al leerlo me sentí identificada. Tengo cuenta en Facebook, Flickr, Xing, Neurona y Viadeo, sin contar mi participación en Twitter, Bitacoras, Technorati y otras plataformas específicas para blogueros y periodistas. Cada tanto, además, me llegan invitaciones de amigos que no están en ninguna de ellas, sino en Linkedin, MySpace, UNYK, Bebo, Orkut o alguna de las otras tantas que existen. No hay manera de abarcar todo el espectro. No alcanza el tiempo para mantenerse activo en todas las redes sociales; no es cómodo ni práctico repetir en cada una el mismo proceso para subir la misma información o fotos ni podemos recordar en qué red estaba quién para enviarle un mensaje. ¿Resultado? Nos registramos, empezamos como usuarios activos y lentamente nos convertimos en usuarios vegetativos. Como dice Pablo Mancini en su blog, si en la web 2.0 no enlazas, no existes.

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Protocolo digital

LibroEntre las novedades de la editorial Melusina para marzo está la publicación del libro Manual de urbanidad y buenas maneras en la red, del editor, escritor, lingüista y especialista en nuevas tecnologías José Antonio Millán. Se trata de una especie de guía para comportarse como un internauta responsable y respetuoso, fruto de un profundo estudio del uso del lenguaje y de las herramientas digitales y de largos años de experiencia como usuario de la web (la página de Millán -algo caótica pero muy interesante y completa- lleva doce años on line).
Entre muchas otras reglas bien fundamentadas que el autor aconseja seguir para ser un navegante educado, están las de no apropiarse de un nick (o alias) ajeno, no renunciar a la ortografía, no enviar correos con acuse de recibo automático y no dar las direcciones de correo de tus conocidos a un sistema automático de envíos (ni dejar a la vista las direcciones de tus contactos en el campo de “copia” cuando haces envíos masivos, añadiría yo, que para eso está lo de “copia oculta”).
En mi opinión, cada uno desarrolla en la web un comportamiento similar al que muestra en la vida física. Aunque es cierto que a algunas personas el supuesto anonimato que otorga la red le sirve de aliento para cometer fechorías y trapicheos, lo mismo le puede provocar a ese sujeto verse inmerso en una multitud o caminar por una gran ciudad donde nadie lo conoce. Allí también podrá -si quiere, si no le interesa ser de otra manera- escupir al suelo, destrozar al mobiliario urbano, empujar a la gente, tirar basura a la calle o traicionar a un amigo. En definitiva, que se trata de aplicar el sentido común y las buenas maneras también en internet.

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Mi escritorio

Matías Maciel, de Entretanto, me pasó un nuevo meme. Aunque yo también ando algo reticente a prenderme en estas cadenas blogueras, me pareció que en este caso la propuesta puede resultar divertida para el costado voyeur que todos tenemos y que, por otra parte, no se salía demasiado de algunas temáticas que suelo tratar en Carpe Diem.
La propuesta es mostrar el escritorio de mi ordenador personal. Es un portátil Acer comprado en cuotas en Carrefour, de lo más normalito, pero con las prestaciones suficientes para a el uso que le doy, que básicamente se limita a escribir, navegar por internet, editar imágenes y comunicarme.

Mi escritorio

Como pueden ver en la foto, para ahorrar espacio y optimizar procesos he quitado el fondo de pantalla. El azul intenso me gusta, me recuerda la limpieza y claridad del cielo y contribuye al orden que necesito para trabajar.
Los iconos que hay a la izquierda son accesos directos a los programas que utilizo con más frecuencia y carpetas con material que descargo. También hay un acceso a Mis Documentos, donde hay dos grandes subcarpetas, Personal y Trabajo, que a su vez contienen varias carpetas cada una en las que ordeno el material por temas y proyectos. Fuera, en el escritorio, sólo tengo dos documentos de Word: el sumario en el que estoy trabajando en este momento y un listado de contactos con medios con los cuales estoy en “negociaciones”.
En la barra de abajo suelo tener siempre abierto el Diccionario de la Real Academia Española, algún que otro blog que estoy leyendo o planeo leer en breve y mi segundo escritorio, mi (adorado) Netvibes. Esa es mi verdadera mesa de trabajo digital, donde tomo notas, guardo enlaces útiles, leo mis feeds de blogs y periódicos, consulto el tiempo, hago listdo de tareas pendientes, apunto frases e ideas, veo mis cinco casillas de correo y accedo a mis propios blogs.
Las ONCE grandes pestañas que contienen todo eso son: Correos y notas, Mis blogs, Literatura, Blogs España, Blogs Argentina, Blogs girls (el nombre adecuado sería “blogs personales”, lo cambiaré), Diarios, Agregadores, Tools, Más blogs y Twitter.

Mi netvibes

Actualización
¡Olvidé pasarlo! Ahí va: para Silvana, Cris, Antonio y Adrian.

Actualización II
Silvana, de Noticomblog, muestra su escritorio.