Día Mundial de la Lucha contra el Sida

Sobre el Sida nosotros, quien escribe y quienes leen, lo sabemos todo. Tenemos muy claro cómo se contagia, estamos cansados de escuchar cómo se previene y nos hemos asomado gracias a los medios o algún caso cercano a sus fatales consecuencias. Pero muchas veces nos olvidamos de que sigue ahí.
Cuando empezó a hablarse de esta enfermedad, lo primero que nos provocó fue terror. Nos paralizó la idea de vislumbrar el fin del mundo, o al menos de la humanidad, exterminada por una plaga inasible y tenaz que se colaba a través de todos nuestros fluidos y que nos condenaba a una opaca vida aséptica.
Recuerdo que entonces pensé que era una triste injusticia que mi generación viviera su despertar sexual bajo una maldición como esta, que nos cercenaba la libertad y malograba el ánimo exploratorio.
Con la información y la investigación se logró cierta calma y ahora, ya pasadas un par de décadas de convivencia con el Sida y una vez burlada su mortalidad con el conocido cóctel de fármacos, llegó el acostumbramiento, la indiferencia y cierta relajación.
Pero esto no lo admitimos abiertamente. Nadie reconoce que a veces juega a la ruleta rusa, que apuesta por una cara, que confía después de un par de semanas, que cree en el fondo que no le puede pasar.
Hoy el Sida se ha convertido en la enfermedad de los desafortunados y de la pobreza. A los demás no nos preocupa demasiado en el día a día porque “nos portamos bastante bien”. Caminamos sobre un campo minado mirando el vuelo de los pájaros.

Si quieres leer más sobre el Sida:
Web de Naciones Unidas sobre el Día Mundial de la Lucha contra el Sida
Tenemos Sida
(Movimiento de lucha contra la enfermedad)
Fundación Knosi (nombre de un niño africano adoptado por la luchadora Gail Johnson y que murió de Sida; en inglés)

Esto es un meme acorde con la fecha que me “contagió” Marina. Invito a pensar el Sida a Perica, Maggie, Matías, Marilín y Venusina.

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Cosas que se quedan en la casa

La periodista Evangelina Himitian escribió hace unos días en La Nación un interesante artículo sobre las cosas que las personas olvidan o dejan voluntariamente en sus casas cuando se mudan a una nueva vivienda. Cuenta historias increíbles de gente que al llegar a su recién adquirido hogar encuentra un armario repleto de ropa, una escultura valiosísima, un cuadro de Soldi, un cajón oculto con joyas o cubiertos de plata pertenecientes al antiguo propietario. Muchas veces los dueños vuelven a buscar lo que se dejaron atrás, pero otras tantas, más de las que uno imaginaría, son abandonos conscientes motivados por el odio, la necesidad de renovarse o la pereza.
Los “tesoros” que yo encontré en mis nuevas casas fueron escasos y sin valor. En realidad se parecieron más a un castigo al estilo de las maldiciones egipcias para profanadores de tumbas que a un premio, ya que significaron hurgar en las entrañas de las cajoneras para rescatar ropa interior atrapada, tirar misteriosos envases sin etiquetas y llenar bolsas con perchas rotas, peines desdentados, jabones resecos, tapas de tuppers y baldosas sueltas.caracol.jpg
El suceso más notable que me tocó vivir en primera persona ocurrió cuando nos mudamos a la vivienda familiar a la que todos los hermanos seguimos llamando “casa” aunque ya no vivamos en ella hace tiempo. Se trataba de un caso patológico de “no tiro nada porque nunca sé cuando pueda servirme” pero aplicado a retazos de madera, hierros, clavos oxidados, marcos de puertas, herramientas varias e inclasificables, frascos, cables, varillas de metal y otros objetos extraños. Los anteriores ocupantes nos habían dejado toda una habitación llena de estas cosas más propias del taller de un inventor chiflado que de un hogar. 
Evidentemente no fue un olvido y nunca los llamamos para que recogieran su chatarra. Era tal el entusiasmo de mudarnos a una casa tan grande que los días de limpieza y ”vaciado” se pasaron rápidamente y estuvieron cargados de risas, ilusión y anécdotas.
Como propietaria o inquilina nunca olvidé nada en las casas en las que viví, y si lo hice no me di cuenta. Pero sí dejé en forma adrede, y con el consentimiento del nuevo residente, cosas que no me iban a servir o caber en mi nuevo destino, o cuyo traslado era demasiado complicado. Así abandoné plantas, una bicicleta, una olla tajine, un panel de corcho para pinchar fotos o notas, un colchón casi sin uso y decenas de vasos diferentes que en una época se me había dado por juntar.

Este post me parece adecuado para iniciar un meme. La consigna es: ¿Qué cosas de los anteriores propietarios te has encontrado en tus nuevas casas? ¿Y qué olvidaste o dejaste tú/vos cuando te mudaste? Se lo paso a Perica, Patala, Chili Soup, Entretanto, Maggie y Marilink. Y como sé que a La Spectatrice no le gustan estas cadenas, le propongo que nos ilustre sobre películas en las que aparece este asunto (me parece recordar alguna de la serie de Pesadilla en la que un chico encuentra un diario olvidado). A ver qué tal.

Mi árbol inventado

huevos_pintos/vá_educastur.princast.esPintos es un apellido simple, aunque no demasiado frecuente. De origen portugués, a mí me tocó llevarlo al final de una larga estirpe de aventureros y soñadores que llegaron a América casi con los conquistadores y eligieron el Río de la Plata para establecerse. Hablo con conocimiento de causa, aunque ajeno, pues es mi tío C. el que lleva años y kilómetros dedicado a recolectar las hojas de este anciano y sorprendente árbol.
Como no tengo los datos reales a mano (C. lleva también un lustro prometiendo una versión final y resumida de sus investigaciones), y dado que esta disquisición genealógica responde a un meme lanzado por Entretanto y es, por ende, un juego, voy a colgar de mi rama más bonita y florida al más famoso. Se trata del gran actor y humorista argentino Fidel Pintos, a quien yo ya había bautizado ”tío Fidel” para sorprender a los numerosos ocurrentes que nos relacionan (“Ah, Pintos, como Fidel. ¿Qué es tuyo?”).
Otro que también es bastante conocido por aquellos pagos, y que también me traigo a este árbol ficticio ahora con banda sonora, es el joven cantante folclórico Abel Pintos.
El resto de las entradas que me ofrece el buscador no tiene mucho vuelo: existen varios abogados, un profesor de sociología, estudiantes y una cosmetóloga apellidados Pintos, al menos entre los que están presentes en el mundo digital. Todos ellos viven en Galicia, Uruguay y Argentina. No obstante, hay dos Pintos que me resultan cuanto menos curiosos: un sistema operativo creado en la Universidad de Stanford y unos huevos asturianos.
Vaya familia.

Post relacionado:
Ocho cosas sobre mí

Actualización a las 18:00

Olvidé “contagiar”, como dice Entretanto. Pues bien, le paso el meme a: Anaking, La Novia de Gorgola, Ismael El-Qudsi y a los espontáneos que quieran sumarse.

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