
Madrid está llena de estatuas de piedra y bronce, pero también de las de carne y hueso con hucha. Entre estas últimas hay decenas de blanquísimas figuras de aire griego -las primeras que inauguraron esta moderna representación callejera- y algún que otro robot, hombre del espacio y torero. Me encantan, aunque creo que ninguna llega a alcanzar la perfección de estos gemelos de arena que se ubican a la vera del Paseo del Prado y que por momentos parecían creaciones muy bien logradas de otro tipo de artistas.

Máquina expendedora de libros instalada en la estación Recoletos del tren Cercanías, en Madrid. Con títulos como La catedral del Mar, de Ildefonso Falcones; Inés del alma mía, de Isabel Allende; El afgano, de Frederick Forsyth, o Eres lo que comes, de Gillian McKeith, entre otros. Todos en edición de bolsillo y con un precio de entre seis y nueve euros.
Después de unos años recorriendo Andalucía han recalado en Madrid, más concretamente en la plaza junto al mercado de Fuencarral, en Chueca. Allí, Lyndon y Jose sonríen junto a sus dos perros mientras esperan la limosna de la gente que pasa. Tienen a sus pies cuatro carteles que rezan: “para comida”, “para vino”, “para porros”, “para cocaína”. Al lado de cada uno de ellos hay una lata esperando las monedas y deseando algún billete.
Pero no en todo estos mendigos viven al margen de la sociedad. Como pueden ver en la foto (créanme que me llevó unos cuantos segundos superar el shock para poder buscar el teléfono móvil), Lyndon y Jose están informatizados. Y aún más, tienen su propia página web, con una frecuencia en la actualización y unas características (está en inglés y en español, incluye un blog, tiene fotos, videos, una sección de FAQ, enlaces, etc.) que muchos envidiarían.
Su nombre (aparece en la camiseta del hombre de la foto) es toda una autoconfesión y una declaración de intenciones: www.lazybeggers.com*
* lazy en inglés es perezoso, y beggar -que no begger- es mendigo/a.