Como el calor que va subiendo por las piernas al andar rápidamente y se torna pegajoso y húmedo en la espalda. Como las lluvias de verano que, repentinas y copiosas, ocultan el aire límpido y azul con su velo gris noche. Como el berrinche de un niño pequeño, irremediable y obstinado. Como los accidentes, imprevisibles y demoledores en su ruptura brutal de la rutina, antes diáfana. Como una urticaria, que escuece y no se puede ocultar ni parar, solo velar en su lenta agonía. Como un acceso de tos, incómodo, ensordecedor, acaparador. Como una carta de amor hallada en un bolsillo usurpado. Como un juego macabro de la propia razón. Como un tintero roto, que todo lo baña y todo lo ensucia. Es el malhumor.

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