Conozco a alguien que le puso de nombre Olmo a su hijo por el personaje que interpretó Gerard Depardieu en la épica Novecento, de Bernardo Bertolucci. Sin embargo, tras conocer que los olmos primigenios, aquellos árboles frondosos y longevos, son cada vez más escasos debido a la agudización de la grafiosis – una enfermedad causada por la letal combinación de un hongo y un insecto-, llamarse Olmo cobra una nueva perspectiva.
Más del ochenta por ciento de los árboles de esta especie que existían hace veinte años a nivel mundial hoy solo son un recuerdo o, tal vez, una evocación ante el vestigio de algún tronco mutilado y seco donde antes hubo una sombría olmeda.
La exposición de fotografías Los últimos olmos ibéricos. Una puerta a la esperanza”, que presenta hasta el 30 de octubre la Sala La Carraca, de Madrid, ofrece un repaso a la historia del olmo y una muestra de los proyectos que intentan protegerlo y reintroducirlo.
Llamarse Olmo, más que un recuerdo de aquel joven Depardieu, podría ser un homenaje al majestuoso árbol al que le cantaron poetas como Quevedo, Garcilaso, Góngora o Machado y que se consideraba casi indisolublemente unido al paisaje de España.

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