Dice la Oficina del Censo de Estados Unidos que hoy ese país se convertirá en el tercero a nivel mundial en cantidad de población, cuando alguien -hasta entonces anónimo- se convierta en el ciudadano número 300 millones.
Esta ascensión demográfica imparable contabiliza un nuevo punto en el país de las estrellas exactamente cada once segundos. Así resulta del balance entre nacimientos, entrada de inmigrantes –legales e ilegales- y muertes.
Ocho, nueve, diez, once…nace un niño en una típica familia norteamericana, con cuenta bancaria a su nombre, colesterol y una habitación decorada con osos y flores. Nueve, diez, once…muere un anciano en su piso neoyorquino, polvoriento y lleno de gatos. Nueve, diez, once…se suicida un vendedor de coches de Carolina del Norte entre las vitrinas de su colección de armas. Nueve, diez, once…logra poner pie in the holy land un mexicano sudoroso que pregunta en español cómo llegar a Seattle. Nueve, diez, once…arriba al aeropuerto de Miami un estudiante latinoamericano, dispuesto a sacarle provecho a su visado y a encontrar la forma de escabullirse luego. Uno, dos, tres, cuatro…
Aquí también varían por segundos el debe y el haber de las cuentas ciclópeas de la población española que, al igual que allí, arrojan ahora un saldo positivo esperanzador y tranquilizador. Cada cierta cantidad de segundos o de minutos aquí también nacen niños –los más hijos de inmigrantes y los menos españoles-; mueren ancianos –casi todos españoles y muchos de ellos solitarios y últimos habitantes de aldeas que se van vaciando-; pierden la vida familias enteras en accidentes de tráfico –brutales, incomprensibles- y llegan otras tantas cargadas de maletas, miedos, sueños e ilusión. Sin duda el tiempo puede medirse, pero un segundo, que normalmente dura lo que tarda en fundirse el aliento en el aire fresco de la mañana, parece alargarse mágicamente en una pausa intemporal cuando está coloreado por la felicidad o empañado por las lágrimas. La vida, tan ligada al paso del tiempo, no siempre obedece a sus leyes ni responde a estadísticas.

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