Desde hace más de cuatro décadas la pequeña localidad toledana de Consuegra celebra, coincidiendo con la laboriosa cosecha de octubre, la Fiesta de la Rosa del Azafrán. Es así que este municipio -conocido también por sus once molinos de viento, que sirvieron de inspiración a Miguel de Cervantes- se prepara para recibir a partir de mañana a cientos de visitantes que llegan atraídos por las curiosidades y tradiciones ligadas a la obtención del “oro rojo”, como se conoce a estas finas y aromáticas hebras.
Hacen falta más de 120.000 flores para conseguir un kilogramo de azafrán. La recolección se realiza al amanecer, cuando se abren a la luz las púrpuras rosas, sumamente endebles al contacto prolongado con el sol.
En general se trata de pequeñas plantaciones familiares, cuyos propietarios también se ocupan luego de la monda una a una de las flores para conseguir los codiciados estigmas. Suelen ser las mujeres las que realizan esta delicada labor manual, en largas y pacientes sobremesas de parientes y vecinos que se cargan también de anécdotas y recuerdos.
Por cada kilogramo de estigmas se consiguen apenas 200 gramos de azafrán listo para el consumo, para lo cual debe pasar antes por un proceso de tueste. Se utiliza principalmente como condimento y colorante alimenticio, pero también se aprovecha en confitería, licorería, perfumería e industria textil.
Se dice que las cualidades del oro rojo son múltiples y conocidas por el hombre desde el Antiguo Egipto. Entre ellas, se cita su carácter tónico y sus propiedades digestivas y combativas de la tos y la bronquitis.
Seguramente los habitantes de Consuegra podrán contar mucho más sobre los misterios y los secretos de este elixir, traído a la península por los árabes y convertido hoy en un símbolo de la riqueza y calidad de la gastronomía española.

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