“Un perdedor es quien tiene tanto miedo a perder que no se atreve ni siquiera a intentarlo”. Lo dice uno de los personajes de la deliciosa película “Little Miss Sunshine”, que fuera aplaudida en el Festival de Cine de San Sebastián.
Aunque puede ser descrita como una road-movie de familia americana en vacaciones, la obra de la dupla de directores Jonathan Dayton y Valerie Faris (también pareja en la vida real y provenientes del mundo del videoclip y los anuncios publicitarios) se aleja de los tópicos y del humor torpe de este sub-género cinematográfico. En su lugar, sabe sacar partido de lo mejor de él: el viaje acelera los cambios internos en los personajes, define las relaciones entre ellos, los enfrenta a sus miedos y aspiraciones y provoca intensos momentos de drama y de comedia.
En Little Miss Sunshine la historia gira en torno a la desesperada carrera de la familia Hoover hacia un concurso de belleza infantil (genial sátira de ese particular fenómeno estadounidense) a bordo de una desvencijada camioneta, símbolo de sus miserias pero también de los lazos de amor y solidaridad que la mantienen unida.
Esta película demuestra -una vez más- que con un guión creativo, coherente e inteligente y muy buenos actores (encabezados por Greg Kinnear y Toni Collette) se puede conseguir una excelente obra. Los presupuestos abultados y las campañas publicitarias suelen multiplicarse, esto es: lograr aún más dinero en recaudación y cubrir de fama a sus protagonistas y hacedores, pero no garantizan en ningún caso la grata sensación que se tiene como espectador al salir del cine tras ver “Little Miss Sunshine”. Una sensación dada por la confirmación de lo reconfortante que puede ser el buen cine y la íntima satisfacción del tiempo bien empleado.

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