El castaño que alegró los días de Anna Frank durante su cautiverio en Ámsterdam está agonizando. Los expertos dicen que no hay ninguna posibilidad de salvarlo, tras una década intentando mantenerlo con vida.
El árbol está situado en el jardín de una casa que la adolescente podía ver desde la ventana del desván donde se escondía, junto a su familia, de la amenaza nazi.
En su diario, Anna hablaba de los cambios que iba sufriendo el árbol con el paso de las estaciones y decía que ambos, el castaño y ella, miraban el cielo azul resplandeciente sobre una ciudad que se había convertido en una pesadilla.
En agosto de 1944 los Frank fueron descubiertos y enviados a campos de concentración, donde la joven murió de tifus en marzo de 1945.
El castaño la sobrevivió hasta ahora cuando, a sus más de 150 años, está podrido y a punto de morir también él.
Las autoridades se plantean reemplazarlo por uno nuevo, pues el árbol se ha convertido en un símbolo de la lucha por la libertad y los ideales. A su imagen se ha creado un castaño virtual en el que se puede pegar una hoja-pensamiento. Está en www.annefranktree.com

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