fuente cercana a donde murió el hombre Ayer vi morir a un hombre. Era un desconocido, de mediana edad, con gafas, chaqueta azul y paraguas bajo el brazo. También llevaba un periódico. Cuando lo compró, temprano por la mañana antes de salir de casa, no podía imaginar que serían los últimos titulares de su vida y que las noticias del día siguiente ya no tendrían importancia para él, pues el mundo habría desaparecido.
Tampoco pudo saber ese día, al levantarse, que una desconocida iba a ser la última persona que lo mirara, casualmente y sin interés ni motivos, en el momento de desplomarse fatalmente en la parada del autobús.
Hoy su cuerpo es objeto inanimado de autopsias de expertos y llantos de familiares, pero hasta ayer fue el de un hombre que caminó por la calle al anochecer, se detuvo junto al bordillo y constató, con un involuntario encogimiento de hombros, que el invierno que nunca lo alcanzaría estaba ya muy próximo.

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