Ayer nació Teo.
Ayer fue el día más importante de sus vidas para quienes tocaron por primera vez sus manos, respiraron su tibio aliento y entendieron que existe un milagro a nuestro alcance, que somos dioses que podemos cambiar el mundo, construir, crear y -allí nuestro sino y nuestra condena- también destruir.
Ayer empezó una nueva historia, minúscula, desapercibida, corriente. También la única válida, revolucionaria, justificadora, motivadora. La única razón para creer.

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