“Ni una yunta de bueyes sería capaz de arrancarme de mi tierra, para volver a la maldita isla. Y mis peores pesadillas, en las noches de invierno, son todavía aquellas en que oigo retumbar la resaca en las costas abruptas, y a lo mejor me despierto sobresaltado y me incorporo despavorido en el lecho, a la voz chillona del loro gritando desaforadamente:
-¡Doblones!…¡doblones!…¡doblones!…¡doblones!…”

De “La isla del tesoro”, de Robert L. Stevenson (escritor escocés de cuyo fallecimiento se cumplieron 112 años el pasado 13 de diciembre).

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