Fiorella está preparando su fiesta de cumpleaños. Aunque cumplir 11 no tiene nada de especial, para ella éste será el festejo más alegre y mágico de su corta vida debido a que ha recibido, por anticipado, el mejor regalo: un inmenso espejo de luz.
La fecha que la vio nacer caerá, como siempre, en el mes más frío del año, cuando no hay más que nieve en el paisaje y un aire helado que se asienta en el valle y araña la piel. Pese a eso, pese al manto blanco que todo lo cubre y a la ausencia de flores y colores, este año su cumpleaños será completamente diferente. Esta vez habrá nuevas gentes, los pájaros amagarán con asomarse y hasta es probable que la abuela, entusiasmada, prepare una tarta de cumpleaños con sus propias manos y que ella salga a dar un paseo con sus amigas luego del festejo familiar. Y lo que hará distinto este undécimo cumpleaños es que será el primero iluminado por el sol.
Los tímidos rayos llegarán ese día a Viganella desviados por un gigantesco espejo que se instaló el pasado domingo cerca del pueblo alpino. La estructura se montó en una ladera afortunada que quedaba fuera del conjuro geográfico que hacía que cada año, entre noviembre y febrero, las sombras de los cercanos montes de la Colma cubrieran calles y casas.
Lo que fue la lucha del alcalde durante siete años, un sueño para muchos y una locura para algunos se convirtió, el día de su puesta en funcionamiento, en una celebración popular a la que acudieron vecinos de toda la comarca y hasta una niña de Huelva llamada Alba. Tal vez ella también esté invitada a la soleada fiesta de cumpleaños de Fiorella.

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