Y si la falla fuera
la desesperada esperanza de dar sentido al caos?
¿Y si hincar las uñas en las almas ajenas
para hacer puentes de aire
confirmara que es inútil la búsqueda?
Siempre el tú se transforma,
siempre termina otro yo,
único, solitario.
***
No me basta saber que algo nace
cada vez que uno muere;
no soy nada ni nadie,
ni yo, ni tú, ni el otro,
y es irrisorio
este insaciable afán por seguir siendo.
Por momentos sospecho que hay una clave:
siento un rumor de cosas ya pasadas
y de otras por venir,
pero no sé dónde continuará
este ambular de sombras.
***
Llegará el día y habrá que aceptarlo.
Y aunque el corazón se acurruque en el pecho,
como un pájaro enfermo,
habrá que aceptarlo.
Sólo falta saber quién de los dos
quedará sin oír la respiración del otro,
huérfano del lenguaje cifrado
de la otra mirada.
Quién de los dos
quedará en el vacío de las sombras,
sin el latente custodio de su cuerpo.
Quién sufrirá la alejada presencia
llenando el vacío de los cuartos.

Matilde Kusminsky-Richter (1918-1998). Era la esposa del escritor argentino Ernesto Sábato. Aceptó publicar algunos de los poemas y cuentos que escribía poco antes de morir

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