El último día del año lo agoto en Estambul, ciudad inmensa, difícil, llena de tiendas, gatos, turistas y mezquitas.
La fiesta se prepara para esta noche en las heladas calles. Aún no sé si el nuevo año me soprenderá en territorio europeo o en el asiático, o tal vez en el límite difuso del Bósforo. Si será en la mesa de un restaurante con menú para turistas o junto a los carros-barbacoas comiendo un kebab.
Turquía se asoma incomprensible, desvelando solamente sus ruinosas pero intrigantes fachadas y guardando, tierra adentro, sus auténticos secretos y riquezas.
Desde aquí, feliz 2007 para todos.

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