El jueves pasado se clausuró la séptima temporada de Cortogenia con una sesión especial en la que se proyectaron los cinco cortometrajes nominados a los Premios Goya 2007, que se entregarán a finales de mes.
Cortogenia realiza periódicas exhibiciones de cortometrajes y tiene algunas características que lo han convertido en un espacio único en Madrid: es totalmente gratuito, tiene continuidad, permite disfrutar de los cortos en pantalla de cine y en una sala amplia y bien ubicada (lo cual, por sí solo, ya es suficiente mérito en vista del panorama actual), las obras son presentadas al público por sus directores y/o actores y/o productores y antes de la proyección se reparten programas de mano con las fichas técnicas de las películas escogidas.
La cita para ver los cortos nominados a los Goya -que cerraba, aunque en enero, un año en el que hubo otras diez convocatorias similares- tuvo tanto éxito que en la sala del Cine Capitol casi no quedaban butacas vacías. Se exhibieron, por orden alfabético, “A ciegas”, de Salvador Gómez Cuenca; “Contracuerpo”, de Eduardo Chapero-Jackson; “Equipajes”, de Toni Bestard; “La guerra”, de Luiso Berdejo y Jorge C. Dorado, y “Propiedad privada”, de Ángeles Muñiz Cachón.
Aunque todavía se le preste poca atención desde las esferas oficiales, los distribuidores, las televisiones y los productores, en España se hace mucho corto y algunos trabajos son de gran calidad. Los cortometrajes deben ser el semillero de donde salgan los nuevos directores y guionistas de largos y una herramienta para experimentar, innovar y revolucionar. Pero no siempre esto sucede y no siempre los mejores llegan a las finales o son ni tan siquiera seleccionados para participar de festivales y concursos.
Si fuera miembro de la Academia de Cine descartaría a “A ciegas” por la pobreza del guión (se ve la idea, pero no la historia), a “La guerra” por su truculencia casi inverosímil y desmedida, a “Propiedad privada” por su ambición malograda de querer reflejar el maltrato psicológico en una verborrea poco creíble y que resulta hasta cómica, y -mal que me pese pues disfruto del humor de Bestard de “Niño vudú”- a “Equipajes”, porque obliga a apurar nueve minutos de película para llegar a la broma final.
Por lo tanto -queda claro- de entre estos cinco cortometrajes mi voto iría al elegante pero contundente “Contracuerpo”. El trabajo de Chapero-Jackson rezuma belleza estética (excelente fotografía e iluminación) y un trabajo impecable –y mudo- de la actriz Macarena Gómez.

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