El premio a la mejor película que se llevó anoche Babel en la 64 edición de los Globos de Oro fue un justo reconocimiento a la bien lograda obra del mexicano Alejandro González Iñarritu sobre el dolor, lo “único que puede zanjar la brecha cultural entre los hombres”, en palabras del propio director de Amores perros y 21 gramos.
Se trata de una película coral y compleja, que se desarrolla en forma simultánea en Marruecos, Japón, México y Estados Unidos y fue rodada en escenarios naturales, en varios idiomas y con un puñado de estrellas (Brad Pitt y Cate Blanchett los más conocidos) a la cabeza de un nutrido elenco de actores no profesionales.
Los personajes de Babel están unidos por la tragedia, que como se muestra castiga de forma igualmente dura y arbitraria a todos los seres humanos. Las historias de los protagonistas se entrelazan casi al azar y pese a las distancias y diferencias, recordando al llamado “efecto mariposa”. Son justamente esos puntos de encuentro la excusa que encuentra el director para mover su cámara por el mundo y decidir convertirse en testigo y cronista de las miserias y desgracias de seres corrientes para dar prueba de los sentimientos compartidos y del poder igualador del sufrimiento.
Babel es una película emotiva, cautivadora, de ritmo irregular y demasiados minutos de duración. La historia podría haberse contado con la misma o tal vez mayor intensidad recurriendo a la síntesis y apelando a la rotundidad de la sugerencia.
Algunas imágenes, no obstante, pasarán a la historia del cine. Guardaré para siempre en mi memoria -en la más fiel, aquella que nace del impacto de la emoción- la escena de amor en la que Brad Pitt ayuda a una malherida Cate Blanchett a utilizar el orinal.
Por estos aciertos, por su excelente banda sonora, por la profundidad y riesgo de su guión y por la grandilocuencia de sus localizaciones, Babel es una muy buena obra del cine de nuestros tiempos. ¿Si es la mejor película? Ese calificativo depende de las comparaciones y del gusto, subjetivo y parcial, de quien debe decidir algo así. Por suerte nosotros, los espectadores, no tenemos que elegir solo una.

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