El color azul -mi favorito, el tinte del cielo y de los sueños- era despreciado en la prehistoria y aborrecido por los romanos, hasta que logró imponerse en la modernidad. El rojo, en cambio, es fácil de conseguir, sirve para identificar y alertar, recuerda a la sangre, es el color de las prostitutas y de los Papas, el de las fiestas y también fue alguna vez el color de las novias. El blanco de la pureza es confuso; el negro, símbolo de austeridad y recordatorio de la muerte; el verde colorea lo que se mueve y cambia (el dinero, la naturaleza, la suerte) y también la sensación de juventud y libertad; el amarillo, amenazado antes por el dorado y hoy por el naranja, es venerado en Oriente y prácticamente ignorado en Occidente.
Más historia, curiosidades, mitos y leyendas de la paleta cromática en “Breve historia de los colores”, escrita por el historiador y antropólogo francés Michel Pastoureau y editada por Paidós. El adelanto, en una multicolor entrevista publicada por Radar.

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