Imaginen una programación de cine creada al margen de la dictadura de las salas comerciales y regida únicamente por la intención de ofrecer buenas obras, descubrir nuevos talentos, aplaudir a los grandes profesionales y compartir una animada velada entre amigos. Imaginen que las propuestas que incluye son de temática y procedencia variada y abarcan tanto largometrajes como documentales y cortometrajes. Imaginen que las películas son proyectadas en una pequeña pero moderna sala y son presentadas por sus propios directores y/o actores, quienes se prestan además a responder las preguntas del público e incluso al debate sobre su obra. Imaginen que todo eso se desarrolla en el marco de un espacio céntrico, multifuncional, confortable y cool. Por último, imaginen que participar es totalmente gratis.
Pues bien, dejen de imaginar. Todo lo citado existía hasta hace muy poco en Madrid: era el Club de Cine de Calle 54, en triste e inexplicable suspenso desde el verano pasado.
En el Club de Cine de Calle 54 los socios -gracias a la labor de su coordinador, Bruto Pomeroy- hemos tenido la posibilidad de asistir a varios preestrenos y a estrenos en toda regla, y muchas tardes nos hemos topado allí con personajes de renombre del mundo cinematográfico y cultural que asistían como presentadores de sus películas o simplemente como público.
En poco tiempo, el local de Paseo de la Habana 3 se convirtió en el espacio privado de referencia en Madrid para conocer gente interesante, ver películas distintas, apreciar talentos incipientes y compartir ideas y opiniones sobre la cultura y la vida en general en un ambiente cosmopolita y acogedor. Algunos socios esperábamos ansiosos la invitación semanal para apresurarnos a reservar nuestras butacas, que se quedaban escasas ante el creciente interés que despertó la propuesta y la rápida difusión (vía mail y boca-oreja) que fue ganando.
Pese a nuestro entusiasmo, el año pasado, después de la habitual pausa estival, el anunciado regreso otoñal del Club de Cine de Calle 54 fue prolongándose sin que hubiera ninguna señal de reanudación.
Así hemos llegado al nuevo año, con la única excepción del “regalo de Reyes” que ha hecho hace unos días el Club de Cine a sus socios mediante el estreno de la nueva película de Miguel Ángel Cárcano, la experimental Entre islas. En Calle 54 continúan funcionando normalmente, en cambio, el bar, el selecto restaurante de la planta alta y la estupenda cartelera musical (jazz latino y también algo de flamenco y sonidos brasileños).
Los amigos del Club de Cine de Calle 54 nos hemos acercado a su gente (Bruto, Asunción García Campoy) para ofrecer alternativas que permitan mantener la propuesta, sumamente valiosa por fomentar el cine y la cultura desde el ámbito privado y en forma gratuita.
Esperamos respuestas de las instancias mayores. Nos resistimos a aceptar que aquella idea altruista que tuvieron los fundadores de Calle 54 -Fernando Trueba (de allí el nombre), Javier Mariscal (responsable además del diseño del local), Antonio Resines, Santiago Segura, Concha García Campoy y Andrés Vicente Gómez- tal vez jamás vuelva a concretarse. No estamos imaginando, estamos añorando.

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