Tenía ciertos prejuicios sobre Leo Bassi. Creía que era un provocador, sin más, que utilizaba el teatro como medio para tocar las fibras más sensibles de la Iglesia Católica, de sus fieles y de la sociedad actual. Como todo prejuicio, el mío nacía del desconocimiento del sujeto de esa opinión. Ahora -tras asistir anoche al reestreno en Madrid de “La revelación”, que vuelve al teatro Alfil tras doce meses- pienso que Bassi es un provocador, pero en el más amplio, inteligente -y necesario para los tiempos que vivimos- sentido de la palabra.
Así, Bassi es el que “provoca, incita, estimula o excita”: a pensar libremente, a rechazar lo que nos reprime y causa angustia, a abogar por los valores humanos, a cuidar la naturaleza, a reconocernos como pares, a reconciliarnos con nuestro cuerpo y a amarnos sin necesitar fundamentos religiosos para hacerlo.
El actor, director y autor teatral italiano se enorgullece de ser europeísta, ateo y heredero de la Ilustración. Esta condición, piedra basal de todo su ideario, es la que defiende con pasión, explica con claridad y promociona con vehemencia y humor en “La revelación”.
Bassi arremete contra el monoteísmo con cinco argumentos que desarrolla en un espectáculo de dos horas de duración amenizadas por su sorprendente histrionismo de bufón -como él mismo gusta definirse- y utilizando el gag, un lenguaje directo e insolente y la ironía como herramientas para conectar con su audiencia. Justamente ese dominio de la escena y de su propio cuerpo le permiten establecer un diálogo cercano con el público, al que el cómico italiano le habla, interpela, sonríe, baila, desafía y cuestiona.
“La revelación” es un largo monólogo, género teatral de moda en salas y en sets de televisión pero que deja pocos triunfadores en la meta. Por este espectáculo su autor e intérprete ha sido insultado, atacado y amenazado. Basta recordar que en el mismo Alfil, un año atrás, la policía encontró un artefacto explosivo y que también entonces hubo incidentes violentos contra el público que lo fue a ver en Toledo.
Bassi es un provocador. Su mensaje, tal vez demasiado burlón para mentes pacatas, busca ser el acicate que despierte a una sociedad adormecida y peligrosamente permisiva con los fundamentalismos. A una sociedad que muchas veces parece temerle a la incomodidad de la crítica y al pensamiento libre.

* “La revelación” estará en cartelera en el teatro Alfil hasta el 3 de marzo.