Cuando era pequeña creía que a esta altura de mi vida y del mundo nos transportaríamos en vehículos voladores, tendríamos robots como empleados domésticos y los viajes a la Luna serían tan comunes como unas vacaciones en el Caribe.
En esto último puede que no estuviera tan lejos de la realidad, pues diversas empresas han anunciado que a finales de 2008 podrían estar listas para comenzar a realizar vuelos comerciales al espacio mucho más accesibles y frecuentes que los que hasta ahora podían hacer sólo los astronautas y los millonarios excéntricos.
Los actores Brad Pitt y Sigourney Weaver y el científico Stephen Hawking podrían ser los primeros en probar estos nuevos viajes espaciales.
En realidad se trata de vuelos “suborbitales”, que permitirán ver el planeta entero y experimentar la ingravidez pero durarán sólo unos minutos y no recorrerán grandes distancias. De allí que podrán ofrecerse en forma casi diaria y a un módico precio de entre 100.000 y 250.000 dólares.
Una ganga si se tiene en cuenta que los vuelos al espacio exterior que hasta el momento sólo han realizado cuatro civiles (Dennis Tito, Mark Shuttleworth, Gregory Olsen y Anousheh Ansari) cuestan 25 millones de dólares.
Se acerca así -dicen los entendidos- la democratización del espacio. No se asombren si ya hay lista de espera y se anuncian planes para construir el primer aeropuerto espacial. Muy pronto la competencia favorecerá además la aparición de ofertas y promociones (como “dos por uno” o “niños gratis”) y en unos años tal vez nos planteemos pedir un préstamo para echar un vistazo desde arriba o pensemos en un viaje suborbital como regalo de bodas para nuestros hijos.

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