Cierto, Jorge, esta historia da para una película. Es la del breve y enigmático matrimonio entre el escritor uruguayo Felisberto Hernández y la supuesta modista española María Luisa de las Heras, cuyo verdadero nombre era África de las Heras, aunque también fue conocida como Patria, María de la Sierra, Ivonne o María Pavlovna por motivos laborales. Y es que en realidad era una espía soviética.


Según el el artículo que reflotó el tema -publicado en La Nación con la firma de Alicia Dujovne Ortíz y originado a su vez en la presentación de un libro alusivo-, cuando se conocieron en 1947, en París, Felisberto necesitaba dinero y África contactos.

La celeridad se imponía. Africa Las Heras, alias Patria, alias María de la Sierra, alias Ivonne, alias Maria Pavlovna, coronela del Ejército Rojo y miembro de los servicios secretos soviéticos, contaba con sólo cuatro meses para seducir a Felisberto. Una vez concluida su beca francesa, el escritor regresaría al Uruguay. Por eso mismo la NKVD, futura KGB, que funcionaba en la siniestra Lubianka moscovita donde Stalin orquestaba sus Purgas desde 1936, le ordenaba apurarse a conquistarlo: ese anticomunista notorio venía de perlas para usarlo de careta. Junto a Felisberto, la Mata Hari ceutí podría instalarse en Montevideo sin que sus actividades ocultas -la organización de una red de espionaje latinoamericana, justificada, en plena guerra fría, por la amenaza de un tercer conflicto mundial- despertaran sospechas.

El escritor y la espía volvieron juntos a América y al poco tiempo estaban perfectamente integrados a la alta sociedad montevideana, refinada y culta como todas las de las capitales rioplatenses de la época.
De esta manera, pasados dos años África abandonó a Felisberto y se casó con otro espía. Ya tenía lo que necesitaba. Murió mucho después, de nuevo en Europa, de vieja, condecorada y satisfecha con su leyenda.
Él, por su parte, sucumbió a la leucemia en 1964, sin haber revelado nunca si sabía la verdadera ocupación de la que fue su dulce y seductora mujer.
Tal vez dejó algunas pistas en sus extraños, geniales y enrevesados cuentos, como apunta Dujovne Ortíz, ya que “Felisberto siempre escribió sobre falsos mensajes, encubrimientos… enigmas”.
La autora del artículo –también ella escritora– da muchos más datos sobre la personalidad del cuentista y nos regala, extraídos del baúl de los recuerdos, jugosos detalles de esta increíble historia.
Cierto, Jorge, de película.

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