“Yo creo que la novela que yo he tratado de escribir siempre es una novela que de una idea de totalidad, de un mundo descrito desde todas las perspectivas, desde todos lo puntos de vista, un mundo que de alguna manera sugiera la complejidad, la variedad, la diversidad del mundo real.
Me parece que eso está en la vocación, en el espíritu de las novelas. Por eso mis novelas tienden a ser frondosas, múltiples, y sobre todo con historias paralelas que se van fundiendo, se van contaminando poco a poco hasta convertirse en una sola historia.

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Sobre todo es la idea de presentar una historia como una totalidad. Creo que es la gran diferencia entre la novela y la vida que nosotros vivimos. Nosotros vivimos unas vidas en las que nunca tenemos una idea cabal de lo que nos precede, de adonde van con las cosas que hacemos y pensamos. En cambio, en una novela eso está siempre organizado, sistematizado, de tal manera que es una de las cosas que la novela aporta a la vida: un orden, una organización que la vida mientras la estamos viviendo nunca tiene.
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Nosotros tenemos una vida, pero tenemos unos apetitos, unos deseos y una imaginación que nos hacen concebir vidas muchísimo más ricas y más diversas que las reales. Y eso crea en nosotros una especie de frustración que llenamos con historias, con fantasías, que si están bien concebidas y bien contadas las vivimos como experiencias que enriquecen nuestra vida y que también la multiplican. Creo que esa es la razón de ser última de la literatura: hacernos vivir más de lo que vivimos en verdad, añadir a nuestras experiencias otras que quisiéramos tener y que la vida no nos permite pero que la literatura, si es buena sobre todo, nos hace vivir como si realmente fueran experiencias vividas”.

Extraído de una entrevista realizada a Mario Vargas Llosa en diciembre de 2006 en el programa “La belleza de pensar”, del canal de televisión UC13 de Chile.
Se puede ver un fragmento en El Boomerang.

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