Los que se enteraron y se apresuraron disfrutaron de un espectáculo exquisito: el que la talentosa comediante australiana Sarah Kendall brindó anoche, en una única función en el Teatro Alfil de Madrid, como parte de su gira europea y gracias al buen hacer del Guigling Guiri Comedy Club.
La joven humorista, que venía de dos noches igual de exitosas en Barcelona, está reconocida por la crítica internacional como una de las mejores exponentes del difícil arte de la comedia, tan de moda últimamente pero también tan denigrado. Y su presentación madrileña hizo honor a su recién labrado prestigio y a los numerosos premios que se le han otorgado.
Kendall supo ganarse a su audiencia (en su mayoría extranjera, ya que el espectáculo es en inglés) con su fresca simpatía, su descuidado encanto, su gran capacidad histriónica y -fundamentalmente- con un humor eficaz y sin pretensiones.
La artista australiana tiene un estilo fresco, relajado, inteligente pero jamás rebuscado. Posee una característica esencial en los grandes cómicos: naturalidad. Y dominio de la escena.
Kendall se muestra atenta y curiosa, no teme improvisar ni hacer el ridículo y establece hilarantes diálogos con el público sobre los increíbles bigotes de varios hombres de la sala (a uno se lo acarició con deleite mientras hacía una alegoría del suave bello facial) o interroga a una periodista acerca de sus notas y festeja cuando le confiesa la alta cantidad de estrellas que piensa darle al espectáculo.
Pese a sus continuas salidas de libreto, la comediante no pierde el hilo ni deja entrever que todo responde a un guión que también, seguramente, funciona como red de protección bajo el trapecio. Con gran habilidad, no deja que el texto ni el ansia por liberar las risas incomoden al público o la distraigan del ritmo esquivo de sus reacciones, al que parece irse acomodando como una ágil y graciosa bailarina de puntillas.
El espectáculo que Kendall presentó en España está basado en pequeñas anécdotas de la vida diaria en las que la principal protagonista -torpe, irreverente y lista- es ella misma. Kendall se ríe de Kendall. Otra característica imprescindible en los maestros de la comedia.

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