Un día como hoy, pero de 1942, una mujer escribía a contrarreloj. Lo hacía cada día, sentada en el pinar, sin descanso de la mañana al atardecer y con letra pequeñísima para ahorrar papel, que escaseaba por aquellos tiempos en Francia. Sabía que la obra monumental que planeaba, la que dejaría su testimonio póstumo del desastre que vivía ese país y media Europa, probablemente quedaría incompleta. Así sucedió. Irene Némirovsky fue arrestada el 13 de julio por los gendarmes y unos días después deportada a Auschwitz, donde murió el 17 de agosto. Su marido siguió el mismo camino poco después.
Pese a todas las previsiones que Némirovsky había tomado, anticipándose con lucidez, valor y entereza a su ausencia temprana, sus dos hijas vivieron a partir de ese momento una tremenda odisea para lograr escapar y sobrevivir a la persecución nazi. Durante su larga huida las niñas siempre conservaron -incluso cuando parecía que mantener la propia integridad física era demasiado pedir- una maleta con los manuscritos de su madre.
“Para levantar un peso tan enorme, Sísifo, se necesitaría tu coraje. No me faltan ánimos para la tarea, mas el objetivo es largo y el tiempo, corto”. Con estas palabras comienzan las notas que Némirovsky hizo cuando ya intuía que no lograría escapar a su fatal destino y que sus hijas consiguieron finalmente publicar bajo el título “Suite francesa”: dos de las cinco partes que en total tenía previsto escribir.
La novela es soberbia. Al margen de su origen ruso y acomodado, Némirovsky revela un conocimiento de la sociedad francesa y un grado de penetración psicológica en sus gentes admirables y sorprendentes. Su serenidad en el tono y su falta de sentimentalismos, golpes bajos y autorreferencias no hacen sino aumentar la fuerza cautivante de esta historia de aquellos días de guerra, ocupación, grandezas y profundas miserias.
“Suite francesa” es un libro que se devora con fruición y que deja un recuerdo imborrable de lo que sucedió entonces. Su gran calidad literaria no necesita echar mano de nada más, pero aún tiene el valor agregado de su ardua gestación y del triste destino de su autora, una mujer que supo relegar su sufrimiento personal para hacer su aporte a la memoria y demostrar con él tener, pese a todo, esperanza y confianza en el género humano.

Anuncios