En Kenia la Coca-Cola es más barata que el agua y gran parte de la población carece de ella. Según ha denunciado ante el Parlamento europeo el alcalde adjunto de Nairobi, Waititu Ndungu, en su país no hay falta de agua, sino que la que tienen está mal gestionada y se utiliza como herramienta de manipulación política y como distintivo de poder. Allí la realidad es que “tener agua es un privilegio y no un derecho humano básico”.
Por otra parte, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advierte que los diez grandes ríos del mundo (Río de la Plata, Ganges, Danubio y Nilo, entre otros) se están agotando. Los consumen, a ritmo acelerado, los efectos derivados de la construcción de presas, la navegación, el cambio climático y la polución. El mundo se enfrenta -añade la entidad- a “una crisis masiva de agua potable”.
En este estado de cosas, se conmemora hoy el Día Mundial del Agua, que este año centra sus esfuerzos en torno al lema “afrontando la escasez”. Es cierto que la mayoría de las veces las fechas conmemorativas no sirven para mucho, pero también lo es que debemos empezar por alguna parte y que, pese a las continuas advertencias, señales y pronósticos, seguimos siendo pasivos ante la destrucción de nuestro mundo y, con él, de nuestras vidas.

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