Anoche, miles de jóvenes se concentraron en el Telefónica Arena, de Madrid, para ver y escuchar a su grupo favorito, Marea. Entre ellos estuvimos varios cientos de inmigrantes argentinos, uruguayos y chilenos que fuimos al concierto temprano y estábamos ubicados y expectantes cuando aún seguía entrando mucha gente y no había terminado el botellón previo en Casa de Campo. Nos interesaba la primera parte de la noche, lo que iba a suceder en el escenario para ir “calentando motores” del público: la actuación como telonero del grupo La Renga.
Teniendo en cuenta que los argentinos estuvieron poco más de una hora sobre el escenario, lo de La Renga y Marea es casi un concieto compartido más que la actuación de un grupo importante y su banda invitada. Los argentinos ofrecieron temas clásicos y presentaron algunos nuevos de su disco Truenotierra. Hicieron alarde de su fuerza y pasión rockera, factores que caracterizan a este tipo de bandas, pero también nos recordaron los rasgos que distinguen a La Renga: la asombrosa potencia de la voz rasgada de su cantante, los aullidos que los cuatro músicos saben arrancarle a sus instrumentos y el acierto de las letras de algunos de sus clásicos.
Allí están Panic Show, El revelde, La balada del diablo y la muerte o En el baldío para demostrarlo. De todas formas, para analizar mensajes y darle sentido a los saltos y a los cabezazos mejor escuchar sus discos. Los directos de estas bandas rockeras son espacios de catarsis grupal, en los que lo que importa es transformar en colectiva una afición personal y profunda, ver al artista en carne y hueso y demostrarle que estamos, que somos, que lo hacen bien y sabemos apreciarlo.
Ese era el ambiente anoche debajo de las banderas y de las camisetas argentinas y en todo el Telefónica Arena* en general. Fue una noche multitudinaria –fuimos unos 10.000 los asistentes- y, pese a los gritos, el alcohol y los humos, muy tranquila. Una tranquilidad que para mí y mis compatriotas es sorprendente (¡ni siquiera había policía!). Y que se agradece.

Marea y La Renga llegaron a la capital después de visitar San Sebastián y Barcelona, y seguirán su gira durante todo el mes por el resto de España.

*El Telefónica Arena era, hasta hace poco, el Madrid Arena, pero ha cambiado su nombre por contrato siguiendo la moda de patrocinio-concesión-bautizo de salas culturales que llevan adelante últimamente las grandes empresas. El primer caso fue el del Teatro Calderón, que desde hace unos meses se llama Teatro Häagen-Dazs.

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