MontereggioMientras muchos pueblos agonizan por el inevitable éxodo hacia la ciudad, hay unos pocos, apenas once en todo el mundo, que han renacido bajo el influjo de una primavera inesperada y vigorosa cargada de flores de papel. Son los que están agrupados en torno a la asociación internacional Booktowns y se distinguen por haber reconvertido muchos de sus edificios deshabitados en encantadoras librerías de obras de segunda mano, ediciones antiguas y exóticos tomos.
La idea de repoblar pequeños parajes con libros ha generado un nuevo tipo de turismo, el que combina el descanso rural con el afán lector, y está dando lugar a un movimiento cada vez más importante de encuentro cultural y literario, que se ramifica en festivales, talleres y tours temáticos protagonizados por escritores, editores y lectores de todo el mundo que llegan atraídos por el tufillo inequívoco y embriagador de los libros y la placidez del paisaje.
El pionero fue Hay-on-Wye, en la campiña galesa, donde en 1962 un entonces recién licenciado Richard Booth compró la sede de la antigua estación de bomberos para montar una librería de segunda mano. La que parecía una alocada idea se convirtió con los años en un próspero negocio y, aún más, en un revulsivo para recuperar la adormecida economía rural de la zona.
La iniciativa se reprodujo en otros diez puntos del planeta: Bredevoort, en Holanda; Fjærland y Tvedestrand, en Noruega; Montereggio, en Italia; Redu, en Bélgica; Sedbergh y Wigtown, también en Gran Bretaña; St-Pierre-de-Clage, en Suiza; Sysmä, en Finlandia, y Wünsdorf-Waldstadt, en Alemania.
Hay varios “pueblos de libros” más repartidos por el globo que en mayor o medida reproducen el modelo de la asociación Booktowns. En España hay al menos dos que han apostado por este camino para asegurarse una espléndida segunda vida: Ureña, en Valladolid, denominada “Villa del Libro“, y Requena, en Valencia.

Anuncios