Como habrán visto en la imagen del menú de la derecha, hoy se celebra el Día Internacional de los Bloggers. La fecha fue instituida hace cuatro años por el blogger Rio Akasaka, quien eligió el 14 de junio porque se cree que ese día de 1993 se escribió el primer post.
Hasta entonces el festejo se había realizado, con escasa repercusión, el 9 de junio, pero la fuerza del proyecto de Akasaka obligó a moverlo cinco días más tarde. Desde entonces se han ido sumando a la iniciativa autores de blogs de todo el mundo y ya en 2005 participaron más de 500 bloggers provenientes de 43 países.
El Día Internacional de los Bloggers tiene como objetivo contribuir a la unión de la blogosfera y buscar el reconocimiento del poder que ha alcanzado para influir en la opinión (y las acciones) de los lectores de los 80 millones de bitácoras que la componen.
También busca promover diferentes causas que, desde los blogs, contribuyan a mejorar el mundo. Este año los organizadores han planteado el debate en torno a la solidaridad y a la actitud que deben asumir los bloggers frente a casos de violencia, intimidación y odio (“¿deben vigilar que no se comentan ese tipo de actos? ¿o deben limitarse a denunciarlos?”).
Hasta el momento, la celebración de hoy sólo ha convocado a bloggers de 29 países. El declive puede deberse a que no se ha sabido promover la participación, a que no está clara su utilidad y sentido, o tal vez a que la perspectiva de lograr una unión en la blogosfera es una ilusión. O quizás sea cierto que los blogs están acusando una ralentización en su crecimiento.
Con respecto a este último punto, yo prefiero pensar que se trata de una auto-depuración causada por el paso del tiempo (como en todo, lo más difícil no es empezar sino mantener). Justamente porque esta limpieza es espontánea y natural, no creo que sea necesario promover una auto-censura o auto-regulación de la blogosfera como algunos bloggers proponen. Las bitácoras que persistan en el tiempo irán recibiendo el premio o el castigo –en número de visitas, enlaces y comentarios- de sus lectores y así, otra vez naturalmente, se irán regulando las formas y los contenidos sin necesidad de hablar de límites o reglas en un entorno cuya única razón es la libertad.

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