AmokOcurre un macabro asesinato en Polonia. Los investigadores no logran dar con ninguna pista concreta y la identidad del asesino parece diluirse en el agua del río donde fue encontrado el cadáver de la víctima. La sombra de un “crimen perfecto” sobrevuela las dependencias policiales y amarga a sus frustrados hombres.
Transcurren tres años. Un escritor publica una novela de suspenso en la que se narra un truculento asesinato. Es un autor de bestsellers y, como tal, domina la técnica para contar una historia atrapante para el gran público. El libro se convierte inmediatamente en un éxito de ventas.
Pasan otros dos años. El expediente policial sigue abierto y casi olvidado cuando un día suena el teléfono en la comisaría. Una voz anónima conmina a la policía a leer la novela del famoso escritor. Dice que allí están las claves del caso y también el nombre del asesino.
Los agentes no salen de su asombro: el crimen de ficción se corresponde casi como un calco con el ocurrido cinco años antes en la vida real. El autor del libro narra con extrema precisión pormenores del asesinato que sólo podía conocer alguien muy cercano a los hechos.
Cuando es interrogado, el escritor se defiende argumentando que, como se suele hacer en su oficio, tomó elementos de la realidad publicados por la prensa para construir su obra literaria. Los medios se burlan de la teoría policial. Los seguidores del novelista se muestran indignados.
Sin embargo, pronto se descubren otros detalles que lo incriminan. El muerto era conocido de la ex esposa del autor, quien además había vendido un móvil idéntico al que poseía la víctima poco después de su desaparición.
El escritor clama su inocencia. Aún así, se lo juzga por asesinato y se lo encuentra culpable. ¿Cometió el crimen perfecto para poder escribir la obra perfecta? ¿O perpetró el asesinato en un ataque de celos y luego, entusiasmado por su eficacia, decidió rentabilizarlo literariamente?

Podría tratarse del argumento de una película. Es más, seguramente ya se ha contado algo parecido en el cine. Pero sucedió en la vida real y el desenlace se conoció hace tan sólo unos días: el escritor polaco Krystian Bala, de 36 años, fue condenado a 25 años de cárcel como instigador del asesinato, precedido de torturas, del empresario Dariusz J. Lo había contado todo, absolutamente todo, en Amok.

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