Veinte largos años de reuniones, estudios, debates y votaciones. Es el tiempo y el gran esfuerzo que demandó aprobar un texto consensuado en el que se fija la posición de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la situación de los aborígenes.
La Declaración de Derechos de Pueblos Indígenas fue aprobada finalmente hoy con 143 votos a favor, cuatro en contra y once abstenciones.
El documento no tiene carácter vinculante, por lo que no obliga a los países que participan de la ONU a llevarlo a la práctica, pero sí sirve como instrumento de indudable peso a nivel internacional para quienes luchan por los derechos de la comunidad aborigen mundial, formada por 370 millones de personas.
Según se informa, “la Declaración consta de 46 artículos y establece parámetros mínimos de respeto a los derechos de los pueblos indígenas, que incluyen propiedad de la tierra, acceso a los recursos naturales de los territorios donde se asientan, respeto y preservación de sus tradiciones y autodeterminación (…) también reconoce derechos individuales y colectivos relativos a la educación, la salud y el empleo”.
El punto que motivó los mayores enfrentamientos y llevó a Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia a votar en contra es el referido al suelo. En el texto se afirma que los aborígenes deben ser consultados sobre su traslado y que se los debe indemnizar de manera justa y equitativa en caso de llegar a un acuerdo. Los cuatro países que rechazan esta postura afirman que choca con las respectivas legislaciones nacionales y que el enunciado puede prestarse a “una variedad de interpretaciones”, en palabras del propio embajador canadiense a la BBC.
El pataleo del grupo opositor no es menor por cuanto se trata de naciones con grandes asentamientos indígenas. Dejando eso a un lado, y conscientes de que esta Declaración no se traducirá en un inmediato cambio de conductas que frenen la explotación, la marginación y las injusticias, hoy es un día de festejo para la comunidad aborigen y de callada alegría para todas las personas que nos sentimos parte de una humanidad que a veces hace cosas en nuestro nombre que no podemos comprender ni aceptar.

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