IkeaAlguna vez escribí que hay momentos en que un tema determinado se vuelve recurrente y aparece por todos lados como las cucarachas sin tener una conexión clara con la actualidad ni una razón lógica. Podemos llamarlo casualidad. Mi más reciente cadena de causalidades está formada por eslabones amarillos y azules de Ikea.
El sábado anduve por una de sus tiendas en Madrid. Miré, elegí y no pude completar la compra, así que debo regresar. Cuando volví a casa recordé uno de los muchos diálogos que tuve con una amiga sobre mi “casa Ikea” y decidí reflejarlo en el blog para dar una idea del alcance del fenómeno, al menos por estos pagos.
Ayer estaba mirando la tele y de repente me encontré cantando la canción del anuncio que la firma sueca está emitiendo en la televisión española. Así que resolví agregarlo al post del día anterior como “actualización”.
Hoy, un amigo extranjero me preguntó cómo llegar al Ikea más cercano a su flamante domicilio madrileño. Horas más tarde, estaba alimentando mi hábito voyeur en Twitter cuando phosy apuntó un dato curioso relacionado también con Ikea: el blog de un tal Jules (¿usuario real o una genial táctica de márketing empresarial 2.0?) sobre las adaptaciones y modificaciones que la gente hace a partir de los muebles que venden los suecos.
El mundo occidental y desarrollado se está dividiendo, a medida que se extiende la mancha de tiendas de la firma sobre el mapa, entre quienes amueblan y decoran su casa en Ikea (devotos de la practicidad y el diseño moderno a buen precio) y quienes lo detestan. Me temo que los segundos son minoría. I’m sorry, babe

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