Hay freegans con suerte. Como la escritora estadounidense Elizabeth Gibson, quien una mañana hace cuatro años recogió un colorido e inmenso cuadro de la basura que resultó ser una obra que había sido robada hace dos décadas y que actualmente está valorada en un millón de dólares.  Tres personajes, Rufino Tamayo
Gibson la encontró en la puerta de su edificio de Manhattan. Dudó en llevársela a casa por su gran tamaño (96,5 por 129 centímetros) y porque, según ella misma ha confesado al diario The New York Times, no es una aficionada al arte moderno.
Pero su poderoso olfato de rebuscadora vocacional de contenedores le decía que el lienzo sostenido por un marco barato era especial. Así que lo colgó del salón de su casa y comenzó a indagar. La averiguación le llevó años de consultas primero a amigos y galerías de arte, luego en libros, en internet y finalmente a expertos.
Uno de ellos, August Uribe, de Sotheby’s, le confirmó lo que a esa altura ya eran sus sopechas: se trataba de la obra “Tres personajes”, creada en 1970 por el mexicano Rufino Tamayo y sustraída en 1987 al matrimonio de Houston que la había adquirido en esa misma casa de subastas varios años antes.
La pareja ofreció una recompensa de 15.000 dólares y el FBI inició una investigación, pero nunca llegó a esclarecerse el robo ni a saberse nada del Tamayo hasta que Gibson lo rescató de la basura.
La obra saldrá nuevamente a subasta el 20 de noviembre próximo. La escritora que lo salvó de la destrucción recibirá el dinero de la recompensa más una comisión sin revelar por parte de Sotheby’s. Sigue siendo un misterio el destino que tuvo el cuadro durante estos veinte años.

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