Y ganó nomás. Cristina Fernández de Kirchner es la primera mujer que resulta elegida presidenta de Argentina. Aunque algunos la comparan con Evita, ella está mucho más cerca de Hillary Clinton, pues también lleva varios años en política y está casada con un presidente (en el caso de la estadounidense con un ex). Fuera de estos méritos todavía no tengo claro en qué cree, qué planes tiene para el país, cómo piensa llevarlos a cabo, si le importa acabar con la corrupción y ni tan siquiera qué logros concretos se apunta como primera dama. Sólo la conozco gritanto (antes desde la banca del Senado, ahora para mí desde la tele) como si siempre estuviera enojada y le hablara a peligrosísimos enemigos que permanecen agazapados en la sombra.
En Argentina nunca hubo verdadero debate de ideas ni presentación de proyectos. Ningún candidato lo considera necesario; la mayoría de los votantes no le da importancia. Lo que chorrean los discursos de los políticos argentinos es demagogia. Ellos/ellas (siempre los mismos, no importa que tan mal lo hayan hecho en sus anteriores cargos públicos, e incluso que tengan problemas con la justicia o ninguna formación y experiencia relevantes para el cargo al que se postulan) dicen lo que la gente quiere oir: que lo más importante es el pueblo, que los malos son los de afuera, que están listos para luchar (me pregunto: ¿contra qué o quién?), que tenemos un gran país, que las cosas van a cambiar (?), etc.
Prueba de que en estas elecciones no se enfrentaban distintas visiones de un país ni plataformas políticas contrarias es que por primera vez los partidos políticos acudieron escindidos y reagrupados en extrañas mezcolanzas que en otro tiempo nos hubieran parecido de ciencia ficción. Aunque éste fue sólo uno de los aspectos que hicieron a estos comicios tan inusuales. El otro gran asunto -quizás el único que habla de un cambio y a favor de una sintonía con nuevos tiempos de equidad- es que, también por primera vez, dos mujeres lideraban las encuestas: la candidata oficial y vencedora y la opositora Lilita Carrió.
En España vivimos alrededor de 250.000 argentinos, pero sólo acudieron ayer a dejar su voto en los consulados unos 6.000, pese a que en Argentina el sufragio es obligatorio. La apatía, que no es nueva ni privativa de los emigrados, no está motivada en nuestro caso por la distancia. Estar lejos sólo ayuda a apreciar mejor la magnitud y el alcance del desatino y hace que sea más fácil mirar hacia otro lado.

La elección de Cristina aparece hoy en la mayor parte de las ediciones digitales de los periódicos europeos y en la portada de la versión en papel de varios de ellos:

El Paó (España)

El Mundo (España)

El Periódico (Cataluña, España)

The Guardian (Reino Unido)

La Stampa (Italia)

Kurier (Austria)

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