Una Vélib en la ribera del SenaLas Vélibs, las modernísimas bicicletas que inundan las calles de París desde hace cuatro meses, son un éxito. Lo confirma el corresponsal de The Times en la capital francesa, Charles Bremner, en su muy recomendable blog sobre los encantos y las peculiaridades de la vie en rose.
Apunta Mr. Bremner que ni el primer accidente mortal ni el frío han menguado las repentinas ganas que demuestran locales y extranjeros de salir a pedalear alegremente (y osadamente, doy fe de ello) por las calles más chic del mundo.
Mientras que los turistas se montan en las grises bicicletas de alquiler con el afán de vivir lo que es tal vez la mayor novedad urbanística de París en los últimos tiempos, quienes residen en la ciudad cortada por el Sena las utilizan para trasladarse al trabajo o para volver a casa por la noche, cuando conseguir taxi es tan poco probable como encontrarse un billete de cien euros tirado en la acera.
La huelga de los transportistas no hace sino aumentar la fiebre por las Vélibs, que ya han usado unos ocho millones de personas desde que se instrumentó el sistema de alquiler según cuenta el periodista, quien también confiesa estar harto de perder tanto tiempo intentando encontrar un hueco donde aparcar la bicicleta por las mañanas, tal es la afluencia de intrépidos ciclistas a esas horas en el centro de París.

Y ahora, coches

Bremner adelanta además que el alcalde de París, Bertrand Delanoe, está preparando -junto con la campaña para su reelección- un proyecto similar aunque con coches eléctricos en lugar de bicicletas. Se llamarían ALS’ (Automobiles en Libre Service) y estarían disponibles, sin previa reserva, en pequeñas estaciones de alquiler repartidas por toda la ciudad, en forma similar a las Vélibs. Delanoe se propone así evitar que la gente alquile coches a gasolina o utilice sus propios vehículos para los trayectos cortos, con lo cual se reduciría la contaminación ambiental y se aliviaría el cargado tráfico parisino.

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