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Hoy tengo un dolor de cabeza de elefante (por cierto, ¿a los animales también les duele la cabeza?). En cuanto lo comenté, varias personas con vocación de médicos o más bien de chamanes comenzaron a recomendarme medicinas, brebajes, potingues y trucos de la abuela para resolverlo.
Yo, como sé por los otros síntomas que en este caso es el hígado el origen de los martillazos en las sienes, opté por descartar químicos varios pero difíciles de digerir y fórmulas complicadas de lograr en un entorno laboral (si quieres conservarlo, o al menos te interesa preservar tu imagen profesional).
Decidí, por tanto, someterme a un ayuno voluntario y apostar todas mis fichas al buen desempeño de la cuadrilla de bomberos que navega por mi fluidos luchando en silencio contra las llamas del incendio hepático.
Entre pinchazo y pinchazo (sí, hoy me siento un muñeco vudú a merced de un amante despechado) recordé que mi hechicera particular me recomendó alguna vez que probara las terapias de sonido que ofrece Brain Wave Lab.
Hacia allá fui y me encontré, nada más abrir el blog, con una grabación para aliviar el dolor de cabeza, en una más de esas extrañas casualidades que no dejan de sorprenderme.
Si esta musiquilla lo logra -me digo sonriendo para mis adentros con los auriculares ya bien calzados en torno al cráneo sufriente- mañana me descargo los audios para ser la estrella del circo.

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